Tener plantas en el hogar mejora la calidad del aire (como recogió este estudio de la NASA), aportan humedad ambiental y reducen el estrés visual. Ahora, también exigen un mantenimiento que muchas personas no pueden o no quieren asumir: riegos cuando toca, vigilar si aparece alguna plaga, abonarlas y, en algunos casos, trasplantarlas cada cierto tiempo.
El cultivo en agua, también llamado hidroponía simple, resuelve la mayoría de esos problemas. La planta crece directamente sumergida en agua, sin sustrato. No hay tierra que se seque ni riegos que olvidar. Solo hay que cambiar el agua cada cierto tiempo y dejar que reciba luz indirecta.
Es una opción especialmente útil para principiantes, para hogares con poco espacio y para quienes viajan con frecuencia.
Las tres especies más fáciles de mantener
No todas las plantas se adaptan al agua. Estas tres lo hacen sin problema y son las más recomendadas por quienes no tienen experiencia o no quieren dedicar mucho tiempo a su cuidado.
Filodendro

Es la opción más resistente y la más vistosa. Se reproduce fácilmente a partir de esquejes sumergidos en un frasco transparente. Sus hojas verdes intensas crecen rápidamente y se quedan colgando hacia abajo, lo que la hace ideal para colocarla en una balda alta, una estantería o sobre un mueble.
Para cuidarla, hay que sumergir un tallo con un par de hojas en agua, cambiar el agua cada siete días y mantenerla cerca de una ventana con luz indirecta. Nunca al sol directo, porque le quema las hojas.
Cinta o lazo de amor

Conocida también como malamadre, la cinta es una de las plantas más agradecidas que existen. Genera de forma natural pequeños hijuelos colgantes que se pueden cortar y poner directamente en agua, donde echan raíces en pocos días.
Es muy resistente al descuido, tolera ambientes con poca luz y se adapta a cualquier estancia, desde un baño hasta una cocina. Aporta movimiento visual por el efecto de las hojas largas que cuelgan.
Coleo

Menos conocida pero más decorativa. Sus hojas combinan verdes, rojos, púrpuras y rosados en patrones que parecen pintados a mano. Aporta color allí donde otras plantas solo aportan verde.
Se reproduce con esquejes igual que el filodendro y necesita un poco más de luz para mantener la intensidad de sus colores. Funciona bien en un salón con buena iluminación natural o en un dormitorio cerca de la ventana.
Cuidados básicos para que duren
Aunque no necesitan apenas mantenimiento, hay tres reglas que marcan la diferencia entre una planta sana y otra que se va apagando.
- Cambiar el agua cada 7 a 10 días como máximo. Si se vuelve turbia o huele mal, cambiarla antes. El agua estancada favorece bacterias que pudren las raíces.
- Enjuagar las raíces suavemente en cada cambio para retirar mucílagos y restos.
- Usar un recipiente transparente, preferiblemente de cristal, para vigilar el estado del agua y de las raíces de un vistazo.
Otro detalle es que conviene usar agua a temperatura ambiente, no fría directa del grifo, y dejar el agua reposar unas horas antes de cambiarla para que se evapore parte del cloro. Además, para que la planta siga espectacular a largo plazo, bastará con añadir una sola gota de fertilizante líquido al agua una vez al mes durante la primavera y el verano.
Una alternativa para casi cualquier rincón
El cultivo en agua se ha vuelto una tendencia decorativa en sí misma. Frascos de cristal con raíces visibles aportan un acabado limpio y minimalista que encaja con interiores nórdicos, contemporáneos o industriales.
Dicho esto, la principal ventaja sigue siendo la práctica. Para tener estas tres plantas, basta con ponerlas en tres jarrones diferentes y regarlas una vez por semana. No hay, sin duda, forma más sencilla de iniciarse en la jardinería, al tiempo que se da un toque de color a la casa.

