Logo de Huffpost

Envolver las tarjetas de crédito con papel aluminio: para qué sirve y por qué cada vez más expertos lo recomiendan

El papel de aluminio frena la señal NFC entre la tarjeta contactless y un lector ilegal cercano según los principios de la jaula de Faraday, pero se rasga en pocos días, no protege del fraude más frecuente en España, que sigue siendo el phishing.

Tarjeta envuelta en papel de aluminio
Tarjeta envuelta en papel de aluminio |Imagen generada con IA
Berta F. Quintanilla
Fecha de actualización:
whatsapp icon
Agregar NoticiasTrabajo en Google
Agrega NoticiasTrabajo a tus medios preferidos en Google

El skimming sin contacto se ejecuta acercando un lector portátil al bolsillo y leyendo el chip NFC sin que el dueño se entere. La técnica de envolver la tarjeta en papel de aluminio se ha extendido como medida casera barata frente a ese ataque, sobre todo entre quienes vuelven del trabajo en transporte público con la tarjeta suelta en el bolsillo o en la mochila. Funciona pero sólo en determinadas condiciones y durante un tiempo limitado.

El skimming contactless real exige un lector RFID o un smartphone con NFC modificado y, lo que más limita su éxito, distancias inferiores a cinco centímetros entre el lector y la tarjeta. La organización de consumidores OCU lleva años matizando que esos casos existen pero ocurren bastante menos que el fraude por phishing o el robo de credenciales en webs fraudulentas, según su análisis específico sobre tarjetas contactless, donde directamente desaconseja la propia tecnología sin contacto antes que recomendar trucos caseros.

El papel de aluminio actúa, frente a ese tipo de ataque, como jaula de Faraday improvisada. El metal cierra el bucle electromagnético alrededor de la tarjeta, las ondas del lector ilegal rebotan en la superficie y el chip no recibe la señal que lo activaría para responder con los datos de pago.

Cuántas vueltas hacen falta para bloquear la señal

Las pruebas técnicas publicadas por medios especializados ponen en duda la efectividad de este método ya que una sola vuelta de papel de aluminio reduce la señal NFC entre el 70% y el 80%, lo que frena al lector estándar a cuatro centímetros, aunque no a uno potente más cerca. Dos vueltas elevan la protección al 100% en condiciones ideales. Esos son los dos puntos clave a la hora de aplicar el truco en serio:

  • Cubrir la tarjeta con dos capas de aluminio ajustadas a sus dimensiones, sin doblar el chip.
  • Sellar los bordes con un trozo de cinta adhesiva fina para que el metal no se separe al meter y sacar la tarjeta de la cartera.
  • Renovar el envoltorio cada siete o diez días, antes de que las juntas se rompan por la fricción.
  • Mantener la tarjeta envuelta solo cuando no se va a usar, porque el papel se daña al pasarla por el datáfono.

Una capa rota o arrugada deja huecos por los que pasa el campo electromagnético. El truco funciona durante los primeros tres o cuatro días de uso y falla cuando el papel se rasga en las esquinas de la cartera, que es el punto de más fricción.

Las alternativas que cuestan menos de 15 euros y duran años

Una funda con bloqueo RFID profesional se compra desde 5 euros, dura varios años, no se rasga al pagar en el cajero y suele tener compartimento para varias tarjetas a la vez. Las carteras con malla metálica integrada cuestan entre 20 y 50 euros y son la opción más cómoda para quien usa tarjeta a diario. Tres alternativas que cuestan cero y aportan más seguridad real que el aluminio cuando se calcula el coste por año:

  • Activar la doble verificación del banco para cualquier pago, incluido el contactless. Disponible en la app de la entidad de forma gratuita.
  • Bajar el límite del pago sin contacto a 20 euros o menos, también desde la app.
  • Apilar varias tarjetas juntas en la cartera, lo que provoca interferencia mutua entre los chips y dificulta la lectura individual de cualquiera de ellas.

El truco del aluminio bloquea ondas en pruebas controladas, pero no protege contra el fraude más frecuente en España, que sigue siendo el phishing por SMS y correo electrónico. Quien teletrabaja y guarda la tarjeta en un cajón del despacho casi toda la jornada no necesita aluminio. Le basta con revisar las notificaciones del banco al final del día y, si lleva semanas sin pagar al toque, desactivar la función contactless desde la app del banco.