El acceso a la vivienda se ha convertido en uno de los principales problemas para miles de personas en España. Además es un problema que ya no solo afecta a los más jóvenes, que no tienen poder adquisitivo para comprar una casa, sino que ya afecta también incluso a los más mayores. El encarecimiento del alquiler, unido al aumento del coste de la vida, está obligando a muchos jubilados a buscar fórmulas que hace apenas unos años parecían impensables, como compartir piso a edades avanzadas.
Según datos de organizaciones sociales como la Red de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN-ES), una parte importante de los pensionistas españoles vive en riesgo de pobreza o exclusión social. En este contexto, cada vez son más frecuentes las historias de personas mayores que deben convivir con desconocidos o recurrir a ayudas públicas para poder llegar a fin de mes.
Ese es el caso de Miguel Ángel, un jubilado de 78 años que contó su situación en una entrevista concedida a Radio Castellón. “Ya llevo compartiendo piso hace seis años”, explica resignado, dejando claro que no se trata de una decisión voluntaria, sino de una necesidad económica.
Una pensión insuficiente para pagar el alquiler
Miguel Ángel asegura que su pensión apenas le permite cubrir los gastos básicos. “Yo cobraba 650 euros y la persona que vive aquí cobraba 450”, comenta sobre la convivencia que mantiene desde hace años para poder pagar la vivienda. Entre ambos hacían frente a un alquiler de 700 euros mensuales, aunque reconoce que las subidas de precios han complicado todavía más la situación.
“Es imposible llegar a eso”, lamenta el pensionista, que explica que incluso se ha visto obligado a solicitar ayudas sociales para poder mantenerse. “He solicitado el ingreso de mínimos”, afirma en referencia al Ingreso Mínimo Vital (IMV), una prestación destinada a personas con bajos recursos económicos.
La situación que describe refleja la realidad de muchos jubilados que, tras una vida trabajando, reciben pensiones demasiado bajas para afrontar el coste actual de la vivienda, especialmente en determinadas ciudades donde los alquileres continúan marcando máximos históricos.
Compartir piso deja de ser algo exclusivo de jóvenes
Hasta hace pocos años, compartir piso era una práctica asociada principalmente a estudiantes o trabajadores jóvenes. Sin embargo, el aumento del precio del alquiler está cambiando el perfil de quienes recurren a esta fórmula de convivencia.
En el caso de Miguel Ángel, compartir vivienda se ha convertido en la única alternativa viable para no quedarse sin hogar. La mayor parte de sus ingresos se destina al pago del alquiler y suministros, dejando muy poco margen para alimentación, medicinas o cualquier gasto imprevisto.
Además de la presión económica, este tipo de situaciones también tiene un fuerte impacto emocional. Muchos mayores se ven obligados a renunciar a la tranquilidad o intimidad de vivir solos debido a la falta de recursos suficientes.
Cada vez más pensionistas necesitan ayudas para sobrevivir
La historia de Miguel Ángel evidencia algunos de los principales problemas que afectan actualmente a los jubilados con rentas bajas en España:
- Pensiones reducidas que no permiten cubrir gastos básicos.
- Alquileres elevados en comparación con los ingresos.
- Dependencia de ayudas sociales como el IMV.
- Necesidad de compartir vivienda para reducir gastos.
- Riesgo de pobreza y exclusión social entre personas mayores.
A sus 78 años, Miguel Ángel reconoce que nunca imaginó verse en esta situación. Sin embargo, la subida constante de los precios y la escasa capacidad adquisitiva de muchas pensiones están empujando a numerosos jubilados a una realidad cada vez más dura: compartir piso para poder sobrevivir.

