La generación que ha crecido con las aventuras de Son Goku, Vegeta o Bulma en la popular serie animada ‘Bola de Dragón’ parten con ventaja a la hora de plantar cara a la incertidumbre, según la psicología. Esta ciencia que estudia la mente y el comportamiento humano coloca el foco en una habilidad que apenas se ve pero que cada vez hace más falta, la incertidumbre.
Ya lo apuntaba Heisenberg cuando dijo que es imposible conocer ciertas parejas de variables conjugadas como la posición o el movimiento y masa de las partículas, en su conocido ‘Principio de incertidumbre’ y ahora la psicología añade un punto importante. No se trata de mostrarse fuerte cuando llegan las crisis sino en el día a día.
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Esto incluye la falta de respuesta de un WhatsApp, por ejemplo, o cuando alguien se marcha de una conversación que queda abierta. También cuando se tarda en tomar una decisión importante o en caso de que no haya explicación a lo que está pasando.
Ahí aparece una sensación incómoda que muchos quieren borrar cuanto antes. Porque estamos acostumbrados a que todo sea exprés y a buscar la respuesta inmediata, consultando el teléfono o preguntando a amigos.
Entonces nace el fenómeno de ‘intolerancia a la incertidumbre’ un rasgo que está relacionado directamente con la dificultad para aceptar situaciones ambiguas o que no se pueden prever. No es sólo saber qué pasará sino la ansiedad de no poder hacer nada antes de que suceda. Y esto, la generación que se sentaba a disfrutar con la conocida serie japonesa lo sabe bastante bien, como aseguran los expertos de Psicología Flexible.
Por qué cuesta vivir con incertidumbre
La incertidumbre forma parte de la vida, pero en la actualidad resulta más difícil convivir con ella. La tecnología permite resolver dudas en cuestión de segundos, buscar explicaciones inmediatas y recibir estímulos constantes que evitan enfrentarse al malestar. Pero no hace nada cuando la sensación que aparece es emocional.
Muchos acuden al móvil o al Chat GPT (Inteligencia Artificial) buscando las respuestas que la vida no puede darles. A veces, no es para conseguir una solución sino para escapar de la incomodidad.
Entre las conductas más habituales aparecen tres patrones. El primero es la distracción, como abrir redes sociales, poner la televisión o realizar cualquier actividad que evite pensar en el problema. El segundo es la explicación prematura, que consiste en inventar una respuesta antes de tener datos suficientes, por ejemplo pensar que alguien no contesta porque está enfadado. El tercero es delegar las emociones, es decir, preguntar constantemente a otras personas qué deberían sentir o cómo deberían actuar.
Saber esperar nos hace más fuertes
La psicología aclara que ser fuerte mentalmente no te hace reaccionar más deprisa. En muchos casos la capacidad está en saber detenerse, tolerar la incomodidad y no precipitarse buscando una respuesta.
Esto no significa resignarse ni dejar de actuar, sino aprender a diferenciar cuándo una respuesta es necesaria y cuándo solo se está intentando calmar la ansiedad del momento. Las personas mentalmente fuertes son capaces de sostener esa pausa sin llenar el vacío con suposiciones, distracciones o validaciones externas.
Aceptar la incertidumbre implica entender que no todo puede resolverse de inmediato. También supone reconocer que algunas respuestas tardan en llegar y que otras, directamente, nunca llegan con la claridad que se esperaba.
La tolerancia a la incertidumbre se puede trabajar
No se trata de terminar con la incertidumbre porque siempre va a estar ahí, sino en aprender a vivir con ella. por eso la psicología recomienda observar la reacción ante la duda y retrasar la necesidad de buscar una respuesta urgente.
También ayuda a construir historias sin pruebas, reducir la consulta al teléfono y aceptar que sentirse incómodo no siempre es estar en peligro.