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Miriam González, psicóloga: "La persona que nunca dice no puede sentir cansancio continuo, problemas digestivos, tensión muscular y alteraciones del sueño sin entender por qué"

La especialista relaciona la incapacidad para poner límites con un conjunto de síntomas físicos que muchos adultos arrastran sin sospechar su origen psicológico.

Una persona confundida
Miriam González, psicóloga: "La persona que nunca dice no puede sentir cansancio continuo, problemas digestivos, tensión muscular y alteraciones del sueño sin entender por qué" |Pexels
Fátima Pazó
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Hay personas que dicen sí casi por defecto. Sí al turno extra, sí al favor, sí a la cena que no apetece, sí al encargo que no entra en el horario. Miriam González, psicóloga, advierte de que esa imposibilidad de negarse rara vez es generosidad. Es complacencia, y tiene un coste físico medible.

"La persona que nunca dice un no puede sentir un cansancio continuo, problemas digestivos, tensión muscular o alteraciones del sueño", afirma la especialista. González describe un mecanismo que la psicología clínica conoce bien: cuando el cerebro asocia el no con conflicto o rechazo, el sistema nervioso reacciona evitándolo, y la persona termina aceptando incluso cuando va en contra de sus propios deseos.

Por qué decir sí cuando se quiere decir no se paga en el cuerpo

González parte de una idea sencilla. Cada sí forzado es una activación silenciosa del sistema de estrés. La persona acepta hacia fuera y discute hacia dentro, lo que mantiene el organismo en un estado de tensión sostenida

Repetido durante meses, ese estado se traduce en síntomas que no parecen psicológicos a simple vista: digestiones lentas, contracturas que no responden al masaje, despertares a las cuatro de la mañana o un cansancio que no se cura durmiendo.

La psicóloga explica que el patrón se construye casi siempre en la infancia. Niños que aprendieron que poner pegas se castigaba con enfado, retirada de afecto o etiquetado "es que es muy tuyo", “qué difícil eres” desarrollan adultos que han automatizado el sí. 

La base neurobiológica de esta respuesta está descrita en el artículo de Bailey, Dugard, Smith y Porges publicado en 2023 en European Journal of Psychotraumatology, que define la complacencia crónica como una estrategia de supervivencia appeasement sostenida por el sistema nervioso autónomo y vinculada a fatiga, alteraciones digestivas y problemas de sueño cuando se prolonga en el tiempo.

Cómo se reaprende a poner límites sin cukpa

González matiza que poner límites no consiste en empezar a decir no a todo. Consiste en recuperar la capacidad de elegir. La intervención que describe en consulta arranca con un ejercicio concreto: introducir un margen de tiempo entre la petición y la respuesta. Frases como "déjame pensarlo y te digo" o "te confirmo en una hora" rompen el automatismo y dan al cerebro espacio para evaluar si lo que se va a aceptar es razonable.

A partir de ahí, la psicóloga trabaja la tolerancia a la incomodidad ajena. Quien aprende a decir no debe aprender, en paralelo, a sostener que la otra persona se enfade, se decepcione o cambie el tono. Esa parte es la que más cuesta, porque desactiva la creencia inconsciente de que ser querido depende de no contrariar.

González recuerda que muchos cuadros de ansiedad y de fatiga crónica que llegan a consulta mejoran de forma notable cuando el paciente empieza a poner límites pequeños. Negarse a un encargo extra del trabajo, dejar de contestar mensajes a partir de cierta hora o decir que no a un plan familiar que agota suele bastar para que el sistema nervioso baje el nivel general de alerta. El no no rompe el vínculo, lo coloca en un lugar más sano.