El transporte por carretera es uno de esos trabajos que solo se valoran cuando algo falla, porque si los camiones no llegan, faltan productos en los supermercados, en las fábricas o en los almacenes. Pero detrás de cada viaje hay conductores que pasan muchas horas solos, con presión por cumplir horarios y, en muchos casos, con poco descanso.
Eso es lo que ha contado Ainoa Blasco, una joven camionera española, en el podcast ‘El camionero recomienda’, que recoge ‘El Español’, donde ha reflejado sin filtros la parte menos visible de su profesión a través de su experiencia.
Sufrió ansiedad y depresión por su trabajo
Ainoa, que lleva tres años trabajando en el transporte, asegura que, a pesar de que ser camionera le apasiona, también reconoce que es un trabajo muy duro a nivel mental “y si no te gusta mucho no lo vas a aguantar”. De hecho, en su caso, hubo un momento durante su carrera profesional que la carretera acabó pasándole factura.
Uno de los episodios más complicados llegó mientras estaba al volante. Según cuenta, sufrió una crisis de ansiedad tan fuerte que tuvo que parar el camión porque no podía seguir conduciendo. “Se me nubló la vista y tuve que parar. No podía conducir porque no veía prácticamente nada”, explicó.
Sin embargo, con el tiempo la situación fue a más y el desgaste terminó afectándole también fuera del trabajo. “Me llevó a no querer salir de la cama, solo quería llorar. El factor psicológico y emocional es muy duro”, confiesa la joven, que reconoce que pasó una etapa muy difícil hasta que entendió que necesitaba parar y pedir ayuda.
“Me dieron medicación, pero yo no quería estar ligada a eso toda la vida. Tenía que ser consciente y trabajar para ver cuáles eran mis puntos débiles”.
“Dije: este no es el camino”, explica, ya que empezó a notar que estaba pagando su malestar con las personas más cercanas, como su madre, cuando en realidad el problema venía del estrés acumulado durante el trabajo. “Lo primero que hice fue buscar ayuda, ser constante y trabajar mucho”, señala, apuntando que, en su caso, incluso recibió medicación, aunque tenía claro que no quería depender de ella siempre.
La soledad y el sacrificio de vivir en la carretera
Ainoa también hace hincapié en las condiciones laborales del sector y de por qué no es una profesión fácil de recomendar a los demás. Aunque a muchas personas les puede parecer atractivo ganar unos 2.000 euros al mes, la joven cree que ese dinero no compensa si no te gusta de verdad este mundo. “Si lo haces por dinero, nunca elijas este camino”, asegura.
De hecho, fue muy clara cuando le preguntaron si animaría a otros jóvenes a hacerse camioneros, a lo que respondió que “a día de hoy no se la podría vender a nadie, aunque a mí me encante”, reconoce.
Otro de los grandes retos dentro del sector es aprender a estar solo, ya que las rutas, los horarios y las noches fuera hacen que la profesión no sea para todo el mundo. “Tienes que ser una persona que sabe estar sola”, aconseja, señalando que a eso se suman los descansos, la búsqueda de sitios seguros donde parar y la dificultad de encontrar lugares con buenas condiciones para asearse o dormir tranquila.
Aun así, Ainoa no reniega de su profesión y asegura que le apasiona y que no se ve haciendo otra cosa que no sea conducir un camión.

