La generación que nació en 1962 será la primera que tenga que hacer frente a la subida de la edad ordinaria de jubilación que se aprobó en la reforma de las pensiones de 2011. Estos sénior cumplirán 65 años en 2027 que es cuando termina el calendario que sube la edad de retiro a los 67 años para aquellas personas que no cuenten con unas cotizaciones largas (38,5 años) a la Seguridad Social durante su vida laboral.
A partir de ahí, podrán jubilarse a los 65 años sólo quienes hayan cotizado por lo menos 38 años y 6 meses y los demás tendrán que esperar a tener dos años más excepto que cumplan los requisitos para acceder a la jubilación anticipada o estén en alguna situación especial en la que los coeficientes reductores estén reconocidos.
Ante este panorama, un informe elaborado por Fedea (Fundación de Estudios de Economía Aplicada) que se puede leer en este enlace señala que obligar a determinados trabajadores a que sigan en su puesto por más años eleva la probabilidad de que sufran una muerte prematura sobre todo en los empleos que exigen fuerza y resistencia física, que se conocen como ‘penosos’.
El autor de este estudio es Sergi Jiménez Martín, investigador de la Universidad Pompeu Fabra, Barcelona School of Economic y miembro de Fedea y ha basado este proyecto en analizar los efectos que la reforma sobre las edades de jubilación ha tenido entre los mayores en España, centrándose en la mortalidad que se ha contabilizado entre los 60 y 67 años.
Los hombres que retrasan la jubilación aumentan la posibilidad de mortalidad prematura un 1,6%
Los resultados de este trabajo apuntan a que el retraso obligatorio de la jubilación sube la mortalidad prematura un 1,6% entre los hombres afectados y que este impacto es el doble que el se contabiliza en mujeres. Aunque, generalmente, los números son el resultado de años de trabajo y de ese periodo ‘extra’ en puestos de alta exigencia y muy duros.
Entre estas profesiones están los empleos en la construcción siempre que estos sean a pie de obra, la industria o el sector minero en los que trabajar durante más años, puede provocar que se agrave el desgaste físico acumulado durante toda una vida laboral.
Los resultados provienen de analizar la Muestra Continua de Vidas Laborales en las que se compara a dos grupos de trabajadores. Para empezar, aquellos que tienen carreras largas de cotización y que pueden acceder a la jubilación con 65 años y por otra parte, los que no llegan al periodo exigido y tienen que retrasar el retiro.
Los que están afectados por el aumento de la edad legal retrasan la jubilación efectiva una media de 8,1 meses respecto a los que pueden hacerlo a los 65 años. Cuando se llega a esta edad, aumenta en un 26,7% la posibilidad de solicitar la jubilación más tarde, mientras que quienes deciden hacerlo a los 65 años exactos han bajado en un 10,3% y el acceso a la jubilación anticipada cae un 17,7%.
Pueden aparecer más problemas cuando se aplique esta reforma de manera completa, porque este estudio abarca a quienes han nacido entre los años 1948 y 1957 porque son los que cumplieron 67 años en 2024 que es donde finaliza el periodo estudiado. De estos, los del 57 fueron los más afectados porque asumieron un retraso de 14 meses en la edad ordinaria de jubilación.
La brecha de género sigue presente en el sistema
Los expertos han analizado las diferencias existentes entre los hombres y las mujeres en lo que tiene que ver con la edad de jubilación y las pensiones. Los hombres tienen un índice de mortalidad mayor pero las mujeres, debido esencialmente a los cuidados de hijos o familiares dependientes, son las que presentan más probabilidades para ver cómo se retrasa su jubilación al no tener la carrera de cotización necesaria para retirarse con 65 años.
Las carreras laborales femeninas son más cortas y esto hace que muchas tengan más problemas para poder acreditar los 38 años y 6 meses que van a pedir a partir del año que viene. Este informe plantea una nueva concepción que tiene que ver con la densidad de las cotizaciones, esto es, los años trabajados cuando se comparan con el conjunto de la vida laboral.
La idea es la de elevar la edad de jubilación de una manera equilibrada, evitando que los perjudicados sean las personas con empleos duros o carreras laborales con parones, e inestables.
Implicación política en el rediseño de las pensiones
Los resultados de este estudio de Fedea avalan la eficacia de la reforma en lo referente al objetivo principal que es el retrasar la jubilación efectiva pero hay dos cuestiones de las que apenas se habla según el coordinador del estudio.
Uno de ellos es el de la exención por carrera larga que afecta a los que acumulan menos años cotizados y daña de un modo especial a las mujeres y segundo, cuando se obliga a prolongar la vida laboral aparece un coste en salud que recae sobre aquellos que desarrollan trabajos físicos.
Para realizar este estudio, se han tomado como muestra a casi 180.000 personas jubiladas de los años 1943 a 1957, tratando esos datos con el estimador de Sun y Abraham para la adopción escalonada.

