Llevar décadas dándolo todo por la empresa parece ser que ya no es una razón suficiente para permanecer en ella. Actualmente, cada vez se ven más casos de personas que, de la noche a la mañana, han sido despedidos simplemente por su edad. Es un problema real, conocido como edadismo, que está produciendo a nivel global y no solo en España.
Shirley Noble, de 78 años, protagoniza uno de esos casos. Natural de Georgia, trabajaba como recepcionista en una residencia de ancianos, hasta que en febrero de 2022 la despidieron, a pesar de su larga trayectoria, de haber sido elegida un mes antes como “una de sus empleadas del año” y de haber obtenido valoraciones favorables a lo largo de su trayectoria laboral.
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Así se manifiesta en la demandada presentada ante el tribunal de distrito por la Comisión para la Igualdad de Oportunidades en el Empleo (EEOC), y que recoge ‘People’, donde también se explica que el despido se produjo tras una breve hospitalización.
Tras su reincorporación al trabajo, "a pesar de que nunca antes se le habían planteado problemas de rendimiento significativos a la recepcionista”, a empresa le comunicó que “había perdido la confianza en su capacidad para trabajar". Al día siguiente, fue despedida y “sustituida por empleados considerablemente más jóvenes”.
Se encuentra en su puesto a una mujer 30 años más joven que ella
Noble llevaba trabajando en la residencia de la tercera edad desde 2007 y fue el 10 de febrero de 2022 cuando la hospitalizaron tras sufrir un episodio relacionado con la hipertensión arterial en el trabajo, que más tarde atribuyó a la deshidratación, según la demanda. A los dos días, recibió el alta, por lo que comunicó a la residencia y a sus compañeros que “se encontraba mejor y que volvería al trabajo, tal y como estaba previsto”.
Sin embargo, cuando llegó al trabajo, vio que había sido sustituida por “una empleada recién contratada, casi 30 años más joven que ella” y que “estaba desempeñando funciones de recepcionista” en su puesto. Poco después, le pidieron que se reuniera con el director general y los jefes de oficina, quienes le comunicaron que habían perdido la confianza en sus capacidades.
Según la denuncia, en esta reunión, el director general le ofreció tres opciones: desempeñar las funciones de recepcionista solo los domingos, trasladarse a otro puesto no especificado en un departamento no especificado o aceptar un puesto de “embajadora voluntaria” sin remuneración.
Al día siguiente, Noble y los directivos se reunieron de nuevo. En esta segunda cita, la trabajadora pidió disponer de otros 30 días en el puesto de recepcionista “para tener la oportunidad de abordar cualquier preocupación sobre su rendimiento”. En cambio, según los documentos a los que ha accedido el citado medio, se le comunicó que la oferta de trabajar como recepcionista ya no era una opción.
En este tesitura, Noble rechazó las demás opciones que se le ofrecieron. Y, al día siguiente, le enviaron su carta de despido. Según la residencia, el incidente sufrido en el trabajo les había creado un “problema de seguridad” que les había llevado a “tomar esta difícil decisión”. La decisión, además de prescindir de ella, consistió en contratar a dos personas mucho más jóvenes para realizar el trabajo que ella realizaba.
78.000 dólares de indemnización
Tras impugnar el despido, la justicia ha fallado a favor de la trabajadora, condenando a la residencia a pagarle una indemnización de 78.000 dólares (sobre 66.522 euros). “Los empleadores tienen la responsabilidad de evaluar el rendimiento de un empleado sin tener en cuenta su edad, si este tiene 40 años o más, y sin tener en cuenta una discapacidad real o percibida”, declaró el abogado regional de la Oficina del Distrito de Atlanta de la EEOC sobre el caso.
Por su parte, según ha podido saber ‘People’, la residencia aceptó cerrar el caso y pagar la indemnización por el “coste que suponía el litigio”, pero que “no admiten ninguna irregularidad ni conducta discriminatoria como parte de esta resolución”.