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Un propietario de 84 años: “no quiero que me paguen el alquiler, sino que me ayuden a vivir mejor”

El anciano ha convertido su casa de 195 metros cuadrados en un espacio compartido con jóvenes a los que ofrece un alquiler reducido a cambio de apoyo en el día a día.

El anciano con una de sus inquilinas
Un propietario de 84 años: “no quiero que me paguen el alquiler, sino que me ayuden a vivir mejor” |Business Insider
Berta F. Quintanilla
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Un propietario jubilado de 84 años ha encontrado el modo de envejecer sin renunciar a su independencia. Está perdiendo facultades físicas y poco a poco, la vista. Por eso, ha tomado una decisión que evitará que vaya a la residencia. “Aquí no se trata de pagar el alquiler, sino de ayudarnos a vivir mejor”, ha explicado a Business Insider. ¿Cómo lo ha hecho? Proponiendo a quienes conviven con él pagar una renta reducida, en torno a 1.250 euros al mes, con todos los gastos incluidos.

Los inquilinos le ayudan unas horas a la semana a asearse, hacer la compra o moverse. Tiene una casa enorme, construida en 1915 y con 195 metros cuadrados, que compartió por más de 30 años con su mujer Kristine. Ambos habían hablado mucho sobre qué pasaría en el momento en que entrasen en la vejez. Y decidieron que se quedarían en su casa, viviendo juntos. “Estaba todo preparado para no tener que irnos de aquí”, asegura. 

Incluso tuvieron que invertir una importante cantidad de dinero en reformar el cuarto de baño, ya que construyeron uno nuevo en la planta baja. Pero el 3 de agosto de 2021, cuando se cumplían pocos días después de celebrar su 33 aniversario de casados, la mujer falleció de un infarto. “Me quedé en shock”, reconoce el anciano. Y a partir de ese momento, “la casa entró en un profundo silencio”.

Empezó a tener problemas de vista

Durante algunos meses, empezó a hacer vida en solitario pero se dio cuenta de que tenía un problema a la hora de cocinar. Porque, cuando iba a calentar la comida, no veía los números en el microondas. 

“Pensé que la única solución era irme a una residencia asistida, pero me ponía enfermo sólo de pensarlo. Siempre he dicho que esos sitios no eran para mí”. Aún así, empezó a valorarlo y preguntó en algunas, pero había listas de espera de más de dos años. 

“Tomé una decisión que ha cambiado mi vida, si quería seguir con el plan que tenía con mi mujer debía pedir ayuda”. ¿A quién? A los posibles inquilinos que estuviesen interesados en pagar menos por el alquiler que la media de la zona.

Para contextualizar esta historia, hay que señalar que en 2026, el alquiler medio para apartamentos y viviendas de dos habitaciones en Estados Unidos es de 1.554 euros al mes, aunque puede subir hasta los 1.800 dependiendo de la zona según datos de Apartments.com.

“Decidí alquilar la parte superior de mi casa”

La solución era la convivencia compartida para lo que el anciano puso un anuncio en el que decía que alquilaba la parte superior de su vivienda. Ahí había dos dormitorios, salón y un baño completo. “Los inquilinos tenían que ayudarme con el ordenador, hacer la compra o sacar la basura”, detalla. A cambio de una renta reducida de 1.250 euros ofrecía una residencia en un entorno tranquilo.

La primera persona que aceptó la oferta fue una fisioterapeuta de 50 años. “Nos entendíamos bastante bien” y durante unos días también estuvo su hija Sara. “Querían saber con quién iban a vivir”. Al cabo de un año, Carrie se fue y entró Kathleen de 39 años que trabajaba en una ONG. 

“No vivimos uno encima de otro, cada cual mantiene su ritmo, horarios y su vida social. Ese es el pilar fundamental para que esto funcione”, ha asegurado el anciano. En una pizarra, los inquilinos organizan las comidas semanales “es útil para organizar las compras de la semana”.

“Suelen preparar platos en grandes cantidades y se congelan, pero más allá de eso, saber que hay alguien en casa me da mucha tranquilidad”. “Abrir la casa a otras personas no es sencillo, pero envejecer también es complicado pero el balance es muy positivo. Es un beneficio para todos”.