Hace unos años, a John Brian Marín le daba tanto miedo interactuar socialmente que le costaba hasta coger el teléfono, fruto de la incomprensión y la ansiedad que le generaba enfrentarse a un mercado laboral que a menudo penaliza a quienes, como él, tienen una discapacidad. Hoy, trabaja como controlador de accesos en el Instituto de Productos Naturales y Agrobiología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas en Canarias, gracias a un acuerdo con Integra CEE. Un empleo estable que no solo le ha dado un sueldo, sino que le ha permitido ganar autoestima, seguridad y confianza en sí mismo.
Su historia es un testimonio claro de la inclusión laboral: un desafío que va mucho más allá de cumplir una cuota obligatoria del 2% sobre el papel, y que demuestra que, con el acompañamiento psicológico y técnico adecuado, el empleo es la herramienta de transformación social más potente que existe. Aunque eso no quita que los inicios fueran difíciles.
“Mi experiencia buscando trabajo fue bastante complicada. Lo definiría como una odisea, porque al final echaba currículums en muchos sitios sin tener claro del todo qué puesto era realmente el más adecuado para mí. Además, me he formado en ámbitos muy distintos, desde audiovisuales hasta administración y marketing digital, y eso hace que a veces tenga muchas opciones, pero también mucha incertidumbre”, cuenta en una entrevista para ‘NoticiasTrabajo’.
Lo que más ansiedad le generaba, precisamente, eran las entrevistas: “Me ponían muy nervioso porque sentía que me estaban examinando constantemente y nunca sabes exactamente qué te van a preguntar. A veces tenía miedo de no saber expresarme bien o de que no me entendieran. Intentaba responder con tranquilidad, pero no siempre es fácil”.
Su caso no es aislado, y es que aún no se ha normalizado hablar de discapacidad en los procesos selectivos, como apunta Margarita Velasco, técnica de Selección y Unidad de Apoyo de Integra CEE: “Algunas personas se muestran reticentes a explicar su discapacidad por miedo al rechazo y porque, como sociedad, todavía no tenemos normalizado hablar de ello”.
Un mercado laboral, a menudo, impersonal
La incomprensión es un sentimiento con el que John y muchas otras personas con discapacidad se han sentido más de una vez identificadas. En su caso, sobre todo en trabajos de atención al público, debido a que las relaciones sociales le cuestan más: “Eso puede convertirse en un reto importante cuando tienes que gestionar muchas situaciones distintas o tratar constantemente con personas”.
Un reto que, con trabajo y recursos, se puede superar: “Con el tiempo y la experiencia he aprendido herramientas para manejar mejor esas situaciones, pero creo que el mercado laboral ordinario todavía tiene mucho que mejorar en cuanto a comprensión y adaptación. Hay una realidad evidente: existe una alta tasa de desempleo en personas con Asperger o dentro del espectro autista, por algo será y no creo que se deba a que no seamos capaces de trabajar”.
En paralelo, dentro del conjunto de personas con discapacidad, Velasco advierte de que quienes presentan una discapacidad psicosocial son quienes encuentran actualmente mayores barreras de acceso al empleo, registrando la tasa de empleo más baja de todo el colectivo: apenas un 22,3%. Unas cifras motivadas, en gran medida, por los prejuicios, el estigma y las ideas preconcebidas que generan desconfianza por puro desconocimiento.

La solución pasa porque las empresas entiendan mejor las necesidades individuales y adapten los puestos de manera acorde cuando sea necesario. “Las personas con TEA somos totalmente válidas para trabajar, pero a veces necesitamos entornos o dinámicas más adecuadas para nuestra forma de funcionar”, reitera John.
En ese esfuerzo por encajar y desenvolverse en el ámbito laboral, muchas personas con autismo recurren al llamado “camuflaje social” para sobrellevar las interacciones: “Yo normalmente no voy diciendo que tengo Asperger, hay personas que lo saben y otras que no. Sí que es verdad que a veces puedo “camuflarlo” un poco, pero tampoco siento que me ponga una máscara. Sigo siendo la misma persona dentro y fuera del trabajo. Lo que pasa es que aquí quizás muestro una versión más reducida de mí. Es como Netflix: tienes el plan básico y luego el plan completo. Pues aquí a veces voy con la versión reducida, pero sigo siendo yo”.
Ciertamente, cuando se habla de personas con una discapacidad, parece que siempre vienen a la mente las dificultades, y nunca sus fortalezas. “En las entrevistas se valora sobre todo el currículum, la experiencia o los títulos, y se dejan de lado habilidades personales muy importantes como la honestidad, la capacidad de concentración o la atención al detalle”, señala.
“A veces parece que importa más ‘venderse bien’ que demostrar cómo eres realmente como persona”.
El apoyo de los CEE
Los centros especiales de empleo (CEE) cumplen un papel esencial para mejorar la empleabilidad de las personas con discapacidad. Su objetivo es dar trabajo a personas con discapacidad para, siempre que se pueda y en último término, integrarlas en el mercado de trabajo ordinario. Dentro de estos, se encuentran las unidades de apoyo, donde trabaja Margarita Velasco, que son el “alma” de los centros, como a ella misma le gusta calificar.
Son equipos técnicos multidisciplinares formados por especialistas del ámbito social (Psicología, Trabajo Social, Educación Social, Pedagogía, etc.) que ofrecen apoyo integral e individualizado y promueven el mantenimiento y la progresión laboral de la plantilla, según las necesidades específicas de cada persona y puesto.
La técnica explica que, el primer paso, es realizar un diagnóstico sociolaboral, que será la base para la elaboración de un Plan de Atención Sociolaboral Individualizado. “Este plan puede recoger distintos tipos de ajustes, desde adaptaciones del espacio y la iluminación, cambios del mobiliario, hasta entrega de documentación con un lenguaje claro y sencillo, mejora de habilidades digitales o flexibilización de horarios y descansos, entre otras muchas cuestiones”.
Todas estas adaptaciones, por muy mínimas que sean, insiste en que “son muy necesarias para cada persona”. Así lo corrobora el propio John: “Creo que uno de los apoyos más importantes es contar con mi técnica. Para las personas con discapacidad, y especialmente para personas con Asperger, tener a alguien que te entienda y te acompañe es muy importante”.
“Creo que la Unidad de Apoyo hace una labor muy importante porque ayuda a muchas personas con discapacidad a evolucionar, no solo laboralmente, sino también personalmente. Hay veces que uno mejora en el trabajo, pero también acaba sanando o evolucionando como persona gracias al acompañamiento y al apoyo que recibe”.
En su caso, explica que su técnica le ha “ayudado muchísimo” a sentir que puede pedir ayuda cuando la necesito. “A veces pensamos que hacerlo es una señal de debilidad, pero realmente puede servirte para evolucionar tanto en el ámbito laboral como personal, y ella me entiende y me ayuda a relajarme y ver las cosas más objetivas cuando me frustro. También es de ayuda por tener una comunicación clara, cierta organización y sentir que hay personas que entienden tus dificultades sin juzgarte”, agrega.
Más que un trabajo
John actualmente trabaja como conserje-recepcionista. Entre sus funciones están atender a las personas tanto presencialmente como por teléfono, gestionar incidencias, controlar accesos, abrir y cerrar instalaciones y llevar el control de llaves y visitantes.
“Creo que tengo una especie de amor-odio con el trato con la gente. Hay veces que sí que me gusta mucho porque siento que he aprendido bastante y he mejorado habilidades sociales trabajando aquí. Antes incluso me daba miedo coger el teléfono y ahora ya no. Pero también es verdad que trabajar de cara al público agota mucho. Hay días en los que se te acaba la batería social, como un iPhone. Y cuando estás solo gestionando incidencias, problemas o personas que no siempre te tratan bien acabas bastante saturado”, cuenta sobre el mismo.
A pesar de ello, destaca que ha evolucionado “mucho” gracias a este trabajo: “Antes me tomaba muchas cosas demasiado a pecho y ahora siento que soy más resolutivo y que sé manejar mejor ciertas situaciones”.
También le ha ayudado a ganar confianza y a plantearse nuevos retos: “Uno de mis objetivos de futuro sería trabajar en la administración pública. Sé que requiere mucho esfuerzo y preparación, especialmente porque estudiar oposiciones es complicado, pero es un reto que me gustaría conseguir. También me gustaría seguir creciendo profesionalmente y encontrar un trabajo donde pueda desarrollar mejor mis capacidades y sentirme más útil”.
Para John, este trabajo ha significado estabilidad y crecimiento personal: “Gracias a este empleo he podido compaginar trabajo y estudios, organizar mejor mi vida y desarrollar muchas habilidades que antes me costaban más”.
“Las empresas deberían centrarse más en conocer a la persona y menos en prejuzgar por una etiqueta o una discapacidad”
Esta es una de las cosas que John diría a las empresas, a los empleadores, “que no juzguen a una persona antes de darle una oportunidad”.
“Las personas con discapacidad somos totalmente válidas y podemos aportar muchísimo a una empresa. Muchas veces tenemos capacidades como la honestidad, la responsabilidad, la lealtad o la atención al detalle muy desarrolladas”.
Y da un último aviso clave: “La inclusión real no consiste solo en contratar personas con discapacidad, sino en entenderlas, escucharlas y darles las herramientas necesarias para demostrar todo lo que valen”.

