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Renata, 101 años y sin saber cocinar: "Desayuno a las 9 de la mañana un té y un cruasán caliente. Para comer, pasta con judías, y siempre ceno fuera"

Esta aristócrata siciliana deja de lado las típicas dietas para comer lo que le apetece y dedicarse a disfrutar.

una taza de te y croisan y renata a la derecha
Renata, 101 años y sin saber cocinar: "Desayuno a las 9 de la mañana un té y un cruasán caliente. Para comer, pasta con judías, y siempre ceno fuera" |Canva / Corriere della Sera
Antonio Montoya
Fecha de actualización:

Las personas que han conseguido superar el siglo de vida son la mejor fuente de experiencia a la que podemos dirigirnos para saber cómo actuar en cada etapa de la vida. Y aunque muchos se imaginan que estas personas solo han podido llegar a esa edad haciendo dietas muy estrictas y llevando una vida saludable hasta el extremo, en realidad algunas historias pueden sorprender por no ser así. 

Un buen ejemplo es el de Renata Pucci di Benisichi, una aristócrata siciliana de 101 años que hace prácticamente ‘lo que quiere’ rompiendo con todos esos estereotipos. La centenaria ha querido demostrar que el secreto de su longevidad está más en disfrutar de los pequeños placeres cotidianos que en seguir una vida milimetrada sin salirse de la norma.

En una entrevista concedida al diario italiano Corriere della Sera, esta anciana no tuvo problemas en admitir que la cocina nunca le había gustado. "No sé cocinar nada", admitió para gran sorpresa de todos, ya que se presupone también que una persona de mucha edad ha llegado hasta ahí porque sabe mucho de alimentación y porque ha cocinado siempre cosas sanas.

Come lo que quiere y presume de tener mucha vida social

En vez de empezar con los típicos batidos verdes o superalimentos, Renata comienza su día a las nueve de la mañana con un desayuno sencillouna taza de té y un cruasán caliente. Algo que parece tan básico como sorprendente, ya que cualquiera podría pensar que los médicos le habrían recomendado otra cosa. A la hora del almuerzo, la aristócrata prefiere platos tradicionales de la gastronomía italiana, como la pasta con judías o con abundante salsa de tomate. Eso no es todo, también confiesa que suele picar entre horas unas galletas saladas con queso crema y mermelada, o bien una pieza de fruta.

Aunque tiene más de 100 años y cualquiera creería que se queda en casa y se va a dormir temprano, lo cierto es que "siempre sale a cenar fuera". De hecho, tiene la agenda llena siempre, incluso por las noches, ya que pertenece también a dos clubes sociales en la ciudad de Palermo. Cuando no va allí, disfruta mucho yendo a las salas de cine o comiendo pizza de mozzarella y tomate por ejemplo, según asegura. Esta intensa vida social, según los expertos, constituye un factor protector fundamental frente al deterioro cognitivo.

Supo superar el dolor de la pérdida y ahora solo disfruta

Evidentemente, una vida tan larga conlleva haber perdido a muchos seres queridos. Renata tuvo que enfrentarse a la muerte de su esposo y, años después, al trágico fallecimiento de su hija Maria Catena, quien desarrolló una brillante carrera en UNICEF. "Al principio, ya no te importa nada. Entonces reuní todas mis fuerzas: tenía que vivir. Y al cabo de un tiempo, me di cuenta de que sufría menos", recordó la centenaria sobre cómo logró sobreponerse al golpe más duro que le dio la vida.

Mirando hacia el futuro, la anciana es bastante consciente de la edad que tiene. "Pienso en la muerte y me da miedo", reconoció. Sin embargo, se apoya en su fe en Dios y en su amor incondicional por la vida. Con la perspectiva que dan 101 años de experiencias, Renata terminó diciendo todo lo que echará de menos cuando llegue su final, desde comer un delicioso arancini, hasta el simple placer de conducir, bajar las escaleras o disfrutar de una noche de fiesta por las calles de su amada ciudad.