Los españoles no son los únicos preocupados por la vivienda. En Australia, el coste de la vida y la escasez de oferta están obligando a los ‘baby boomers’ a mudarse a una casa más pequeña o buscar un alojamiento viable para la siguiente etapa de sus vidas. Dos opciones que, de momento, no interesan a Lubosh Hanuska, un hombre de 61 años que ha decidido vivir con otro de 102 años.
Creció en un pequeño pueblo checoslovaco de 2.000 habitantes, en una familia numerosa, y de pequeño pasaba la mayor parte del tiempo al aire libre, tanto en verano como en invierno. En 1991, se mudó a Australia cuando tenía 27 años, para ayudar a su tío con su negocio. “Se suponía que iba a ser la primera etapa de un viaje alrededor del mundo; pero conocí a alguien, me casé con ella y me quedé”, cuenta en primera persona para ‘SBS News’.
Durante los siguientes 20 años, vivieron en cuatro casas con sus cuatro hijos, en diferentes zonas del país. Una de ellas la construyeron en Wodonga, junto a un parque que era propiedad de todos los vecinos. “Teníamos una comunidad de propietarios que gestionaba los espacios comunes, y creo que fue la primera vez que vi el potencial de la propiedad comunitaria de los espacios compartidos”, afirma.
Huir de la propiedad inmobiliaria
En 2015, Lubosh se divorció de su mujer, decidiendo comprar su parte de las casas que tenían en propiedad. Unos años después, en 2019, las vendió para viajar por Europa. Sin embargo, interrumpió su viaje a los 11 meses y se mudó a Melbourne a raíz de la pandemia de COVID-19.
“En ese momento, decidí que no quería comprar otra propiedad, ya que sentía que ser propietario me ataría y limitaría mis viajes una vez que se levantaran las restricciones por la pandemia”, cuenta. Por ello, decidió investigar diferentes modelos de propiedad inmobiliaria que le permitiesen vivir con otras personas y evitar ser propietario de algo por su cuenta.
“Pensé en unirme a una ecoaldea en la Costa Central de Nueva Gales del Sur, donde me había alojado varias veces e incluso había ayudado a construir algunas de sus casas. Sin embargo, decidí que estaba demasiado lejos de mis hijos y que me resultaba demasiado caro unirme a ella”, relata al citado medio.
Durante los dos años siguientes, acabó viviendo en un apartamento al noreste de Melbourne, donde le alojaban a cambio de ayudar en las tareas domésticas. Todo cambió en 2023, cuando vio en redes sociales que una familia buscaba un compañero de piso para su padre de 100 años, llamado Will, para que pudiera seguir viviendo en casa. “Quedé con Will y su familia y conectamos al instante”, detalla.
Vivienda a cambio de ayudarle 10 horas a la semana
Will lleva más de 70 años viviendo en su casa de Melbourne y “sigue siendo bastante independiente y muy activo”, aunque cuenta con apoyo diario de personal de asistencia para cocinar, lavar la ropa y limpiar. “No pago alquiler, pero me he comprometido a ayudar a Will 10 horas a la semana, para asegurarme de que se sienta más seguro viviendo en su casa”, explcia Lubosh.
Su compromiso principal es dormir en casa todas las noches por si necesita ayuda. “Salir de casa es la única pequeña dificultad que tengo al vivir con Will, ya que tengo que asegurarme de que haya alguien más (como su familia o un cuidador) disponible para quedarse a pasar la noche con él”, reconoce.
Sobre lo que se ha convertido en su casa, vive en una ampliación independiente, por lo que no tiene problema a la hora de recibir a amigos y familiares. Así lleva dos años y medio: “Ya han pasado dos años y medio desde que empecé a vivir con Will, que ahora tiene 102 años, y hemos forjado una bonita amistad”.
“Este acuerdo nos viene muy bien a los dos; sigo teniendo mi independencia y privacidad en mi propia parte de la casa y, como sigo trabajando a tiempo parcial, puedo hacer parte de mi trabajo desde casa”, manifiesta, dejando claro que podría comprarse una casa propia pero que no lo ve una opción. Al menos de momento: “Aunque podría permitirme comprar mi propia vivienda, me siento bien por haber evitado ser propietario de una casa en particular”.
Su sueño, vivir en una comunidad de vivienda colaborativa
Para ello, Lubosh explica que debe encontrar el modelos adecuado para él. Su idea es comprar un terreno para crear una cooperativa de vivienda colaborativa, un proyecto para el que tiene que buscar el grupo de personas que encaje con esa idea. “Creo que si vives en una comunidad solidaria, puedes dar más vida a tus años, en lugar de añadir años a tu vida”, afirma.
“Veo a muchas personas mayores que luchan por quedarse en sus casas porque no cuentan con apoyo en su comunidad, pero no quieren mudarse a una vivienda más pequeña ni a una residencia de la tercera edad. Por eso me encanta la idea de la covivienda y la vida en comunidad, ya que no quiero vivir solo en una casa grande, preguntándome qué hacer con mi vida”, agrega.
Ese es su objetivo pero, si no encuentra las personas con las que hacerlo, se irá a vivir a una zona rural, a una casa pequeña. “Prefiero poder vivir con otras personas, y destinar mi dinero a financiar o crear una cooperativa de vivienda, antes que volver a ser propietaria de una vivienda privada. Eso es lo que me veo haciendo cuando me jubile, antes de llegar a una edad en la que alguien tenga que venir a quedarse conmigo”, concluye.

