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“Todo se fue en pagar las deudas”: llevaba 15 años viajando en tren sin pagar y debía más de 87.000 euros hasta que le salvó una herencia

Durante años no pudo tener abierta una cuenta ni tener nada a su nombre, contando con problemas para encontrar piso por los distintos embargos que le realizaron.

Una mujer aleatoria a punto de subirse al tren
Una mujer aleatoria a punto de subirse al tren |Envato
Esperanza Murcia
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Pagar por trabajar. Es casi lo que tienen que hacer muchos trabajadores que deben hacer frente a un elevado coste de vida con un salario bajo. Especialmente si no cuentan con un respaldo familiar que les pueda ayudar. Es el caso de Laura (nombre ficticio), quien ha contado cómo debía más de 87.000 euros a los SBB (Ferrocarriles Federales Suizos) por todas las multas acumuladas que tenía por viajar en el tren sin pagar.

Bajo ese apodo para conservar su anonimato, la afectada ha contado al medio ‘Tages-Anzeiger’ que, durante 15 años, huyó de los revisores, se escondió bajo los asientos o iba cambiando de vagón para evitar la sanción, todo porque no tenía dinero para pagarse el abono general pero necesitaba coger varios trenes al día para trabajar.

“Tenía más de 80.000 francos de deuda por viajar sin billete”, asegura, siendo el equivalente alrededor de 87.500 euros. Todo comenzó cuando tenía poco más de 20 años y empezó en un nuevo empleo. Conocedora de que no podía pagarse el abono, solicito a la empresa si podrían abonarle los gastos de desplazamientos, pero la respuesta de la compañía fue tajante: “Ni hablar”.

Así, decidió viajar todos los días sin billete, comenzando a acumular las multas. Al cabo de un mes, pensó que ya estaba todo perdido: “Ya da igual”, por lo que siguió con la misma práctica. A las sanciones, se le sumaban los intereses de demora, entrando en una espiral de la que no podía salir.

“Nunca fui agresiva e intenté mantener siempre una actitud amable”

Ese juego del gato y el ratón entre Laura y el personal de SBB se convirtió en una rutina para ella, asegurando al citado medio que se lo tomaba con humor, llegando a ser hasta “divertido”: “Nunca fui agresiva e intenté mantener siempre una actitud amable”, explicando que no se enfadaba por las multas y que incluso bromeaba con los trabajadores.

A estas sanciones, se le sumó una más, por otra imprudencia. Encontró un abono general de una mujer que se le parecía físicamente, por lo que decidió usarlo, lo que acabó siendo un error porque este ya aparecía en los registros del servicio de trenes como robado. “Pensé que era mi salvación”, pero ya en el primer viaje le informaron de que la policía la estaba esperando en la estación y debían sancionarla con 2.800 francos (más de 3.000 euros).

En este punto, la joven entendió que ya estaba todo perdido y su caso no tenía remedio: “Fui tonta y pensé que ya no importaba”. Así, decidió no abrir ninguna carta más de los SBB, como las facturas (que también se le acumulaban en el buzón): “Lo que no veo, no me hace daño”, se decía entonces. Incluso la policía se presentó varias veces a la puerta de su casa.

Llegó a pasar 70 días en la cárcel

En algún momento, Laura cuenta que se armó de valor y llamó a los Ferrocarriles Federales Suizos para acordar un pago a plazos: el importe pendiente ascendía a varias decenas de miles de francos y solo podía pagar una pequeña parte de una sola vez, proponiendo una cuota mensual baja. “Así nunca podrá pagarlo”, le comunicó el servicio de atención al cliente, denegando su petición.

Al no poder hacer frente a los pagos, tuvo que cumplir condena en la cárcel en varias ocasiones, sumando hasta 70 días de prisión. A pesar de ello, la deuda iba subiendo y, con los embargos, le era imposible conseguir piso. Durante años no pudo tener abierta una cuenta bancaria a su nombre, ni el contrato del móvil, ni el seguro del coche… De hecho, este estaba a nombre de una amiga. “Depender constantemente de otra persona... eso acabó por desgastarme”.

Una herencia le permite pagar todas las deudas

Hace 6 años, acudió a una asesoría para poder reestructurar su deuda pero, sin ingresos regulares, era imposible. Poco después, decidió emprender y abrir su propio negocio, con el que le fue bastante bien. Eso sí, todos los beneficios iban para pagar las deudas. Parecía que su situación no tenía solución hasta que recibió una herencia tras el fallecimiento de un familiar de 100.000 francos (alrededor de 109.000 euros).

Una herencia de la que no vio ni un céntimo para ella pero con la que, por fin, se pudo quedar a cero: “todo se fue en pagar las deudas”. Actualmente, ya con todo pagado, asegura que paga todos sus billetes de tren.

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