Los grillos no aparecen por casualidad. Estos insectos buscan lugares con humedad, vegetación abundante y refugio entre piedras, hojarasca o grietas. Si han elegido tu jardín o el patio interior de tu casa, lo más probable es que el entorno reúna esas tres condiciones.
Se alimentan de hojas, semillas, hongos y materia orgánica en descomposición. Algunas especies también devoran insectos más pequeños, lo que los convierte en un aliado natural contra plagas menores. Su presencia, en especial del grillo común (Gryllus campestris), es una de las señales que los biólogos usan para identificar suelos sanos.
Lo que escuchas durante la noche es el canto de los machos, que frotan sus alas para atraer pareja y marcar territorio. Cuando cantan en grupo, suele significar que la zona ofrece condiciones reproductivas óptimas.
El termómetro natural que pocos conocen
Los grillos son animales de sangre fría, por lo que su actividad depende directamente de la temperatura ambiente. Cuanto más calor hace, más rápido cantan. Existe una regla biológica conocida como ley de Dolbear que permite estimar la temperatura contando el número de chirridos en un periodo de tiempo concreto.

En noches frías, el sonido se vuelve más lento o desaparece por completo. Por eso en el norte peninsular apenas se escuchan en invierno y se vuelven protagonistas en julio y agosto. En el centro y sur de España, el coro empieza ya en mayo y se prolonga hasta septiembre.
Es decir, el grillo funciona como un termómetro vivo capaz de reflejar cambios atmosféricos sin necesidad de instrumentos.
Cuándo conviene actuar y cuándo no hace falta
En la inmensa mayoría de casos, su presencia no requiere ninguna intervención. Es una señal positiva y los biólogos recomiendan dejarlos en paz.
El problema aparece cuando se multiplican en exceso, normalmente porque el entorno tiene demasiada humedad acumulada o vegetación sin podar. Si el coro se vuelve invasivo y entran al interior de la vivienda, hay tres medidas sencillas que funcionan:
- Mantener el césped corto y retirar hojarasca y restos vegetales acumulados.
- Sellar grietas en zócalos, marcos de puertas y ventanas que dan al exterior.
- Reducir las luces exteriores durante la noche, porque los atraen.
No es necesario recurrir a insecticidas ni a productos químicos. Para deshacerse de ellos es cuestión de modificar el hábitat, no de eliminarlos.
Por qué cantan más de noche
La pregunta lógica es por qué se les escucha sobre todo después del atardecer. La respuesta tiene que ver con la comunicación y los depredadores. De noche hay menos amenazas (los pájaros y reptiles cazan mayoritariamente de día) y el aire suele ser más fresco y húmedo, condiciones que favorecen la propagación del sonido.

El silencio nocturno también ayuda. Sin el ruido de los coches, las conversaciones en la calle o los motores, su canto viaja varios cientos de metros y resulta mucho más eficaz para atraer pareja.
Después de todo esto, ya sabes que si tu jardín o terraza tiene grillos cada verano, conviene tomárselo como un cumplido. Pocos lugares de la España urbana pueden presumir hoy de un canto que hace dos generaciones era la banda sonora habitual de cualquier noche de junio.

