Uno de los oficios tradicionales que tiene más falta de personal en España es el de camionero. Al igual que ocurre con la construcción o la fontanería, se trata de uno de esos oficios duros con falta de relevo generacional y que no todo el mundo está dispuesto a hacer. Solo hay que ver las últimas ofertas de empleo, como la del SAE, que buscaban a 250 camioneros solo en Andalucía.
Eso sí, otra diferencia de este oficio con uno de oficina por ejemplo y que echa para atrás a muchos jóvenes es la inversión inicial que requiere. Ya no solo en sacarse el carnet de camión, sino también en comprar un camión para ser autónomo. Pero si hay algo que temen muchos del trabajo de camionero son los accidentes, ya que en este empleo se está todo el día expuesto en carretera y por tanto las posibilidades de sufrir un percance son aún mayores.
Además, los accidentes que sufren los camioneros pueden acabar siendo mortales con más facilidad que los accidentes en turismo. Antonio Montoya tiene 57 años, es camionero, y sabe muy bien de lo que habla. En su caso, le tocó vivir el accidente que más temen todos los profesionales del sector, que no es otro "que reviente la rueda de la dirección, porque ahí no mandas tú".
"Miré el retrovisor y vi los tres carros volando"
Antonio recuerda el momento exacto en el que su vida estuvo en juego. "Yo arrancaría, serían las 3:15, las 3 por ahí y a las 4:7 minut y el kilómetro 78500, dirección Granada. Ahí es donde explotó la rueda de la marca Gooder", explica detalladamente.
En cuestión de segundos, la situación se volvió incontrolable. "Ahora reventar la goma, me tiró primero a la derecha y del tirón a la izquierda. Y tal como tiró a la izquierda, atravesé la carretera y ya le metí alquitamiento con la gabina y frenar pla pla frenando, va frenando, va frenando", relata el conductor.
Sin embargo, el pánico llegó al mirar por los espejos. "Pero claro, miré el retrovisor y vi los tres carros de aquel lado, digo, "Ya, ya, ¿por qué?" Claro, porque ve los tres carros volando. Dice tú, aquí no hay tu tía. BM, ya lo que te agarra es esperar el golpe. Yo cuando volqué tardaría 14, 16 segundos", cuenta Antonio recordando cómo la inercia se apoderó de todo.
Segundos interminables y mucha suerte
La experiencia de dar vueltas con un vehículo tan inmenso es algo difícil de olvidar. "La única sensación que tuve fue el ruido que hacía cuando iba arrastrando y el temo a que me chupara porque caí de mi lado. Y yo veía que entraba piedra, arena, ramas, las cosas del camión se cayeron todas en lo alto, las neveras, todo".
Entonces, cuando el camión por fin se quedó parado, el instinto de supervivencia tomó el control. "Tú a tientas, lo primero que haces es tocarte, porque yo no sé si estaba atrapado. Yo sé que tenía una montaña de piedra y arena aquí y ya me toqué, está bien, me quité el cinturón y tuve que salir por la puerta de arriba, que cuesta, eh, cuesta, cuesta trapear y abrir la puerta de arriba", recuerda aliviado.
Al final, Antonio sabe perfectamente que la suerte estuvo de su lado, ya que no se llevó a nadie por delante al invadir la vía: "En el momento que yo crucé no iba ni una No había pasado una moto, ningún coche, ningún autobús, nadie. Yo dos. Hubo mucha suerte".
Por lo que las palabras que le dijo el agente de la Guardia Civil que acudió al rescate resumen a la perfección lo sucedido. "Mira, de 10 accidentes de este tipo, ocho mueren. Uno queda listo papeles y tú que te has quedado vivo. Es decir, ha nacido de nuevo".

