Logo de Huffpost

La psicología sugiere que preferir la soledad a la vida social, ya sea entre semana, en fin de semana o en el trabajo, es característico de este tipo de personas

La psicología describe un perfil con rasgos cognitivos y emocionales que aparecen en tres escenarios distintos donde la persona elige el silencio frente al ruido social.

Una mujer mirando llover por la ventana
La psicología sugiere que preferir la soledad a la vida social, ya sea entre semana, en fin de semana o en el trabajo, es característico de este tipo de personas |Envato
Berta F. Quintanilla
Fecha de actualización:
whatsapp icon
linkedin icon
telegram icon

Quien rechaza un plan tras la jornada laboral, prefiere quedarse en casa el sábado por la noche o se sienta a comer solo en la oficina suele ser calificado inmediatamente como solitario o un poco huraño. La psicología contemporánea, sin embargo, ha empezado a analizar esa categoría y a mirar lo que comparten quienes prefieren la soledad en estos tres planos a la vez. El perfil resulta más coherente de lo que parece desde fuera.

La psicóloga estadounidense Susan Cain, autora del ensayo El poder de los introvertidos y referencia mundial en este campo, ha documentado durante años cómo las personas con esta preferencia no rehúyen el contacto social, lo dosifican con un cálculo distinto al del resto. Para ellas, la interacción social no recarga, gasta energía. Y la soledad no es huida, es la forma en que recuperan el equilibrio cognitivo.

Los estudios de personalidad sobre esta tendencia, recogidos en revistas como Personality and Individual Differences, muestran que la preferencia se asocia con una mayor sensibilidad a la sobreestimulación sensorial y emocional, no con falta de habilidades sociales. Pueden sostener una conversación brillante de dos horas, pero después necesitan tres horas a solas para procesarla.

Tres escenarios, un mismo patrón

El primero es el de la vida social entre semana. Quienes encajan en este perfil descartan los afterworks repetitivos, las cenas largas con grupos amplios y los planes improvisados. No por desprecio, sino porque entre semana ya tienen agotado el cupo de interacción que el trabajo y la familia consumen.

El segundo es el del fin de semana. Aquí la diferencia con la mayoría se hace más visible. Mientras buena parte de la gente acumula planes para aprovechar los días libres, este perfil descansa quedándose en casa, leyendo, paseando solo o haciendo aficiones que no requieren compañía. Lo viven como reparación, no como aislamiento.

El tercero es el del entorno laboral. Es donde más fricción genera, porque la vida de oficina actual valora la disponibilidad social como una forma de implicación. Estas personas comen solas, contestan los mensajes con cierto retraso si pueden, y prefieren reuniones cortas y cerradas a sesiones largas y abiertas. Son productivas, pero rinden a su manera.

La importancia del equilibrio

El rasgo no es una virtud ni un problema en sí mismo. Llevado al extremo, deriva en aislamiento real y en deterioro de la salud emocional. La psicología insiste en distinguir la soledad elegida y reparadora de la soledad impuesta y prolongada. Solo la primera coincide con este perfil. La segunda exige acompañamiento.

Reconocerse en este patrón sirve para dejar de pelear con uno mismo. Quien lo asume deja de explicarse y empieza, simplemente, a organizar su vida en función de cómo está hecho.

Archivado en