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La psicología sugiere que los adultos de entre 30 y 40 años que siguen jugando a videojuegos tienen características comunes de este tipo de personas

Varios estudios sobre envejecimiento cerebral apuntan a que jugar con la consola en la edad adulta funciona como entrenamiento mental con efectos a largo plazo en memoria, atención y velocidad de reacción.

Dos adultos jugando a la consola
Dos adultos jugando a la consola |Envato
Antonio Montoya
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La idea de que los videojuegos son cosa de adolescentes es cosa del pasado. La generación que creció con la primera PlayStation ronda hoy los 35 o 40 años y muchos juegan ahora a la Playstation 5 en sus ratos libres, lo que empieza a aparecer en los estudios de neurociencia con un perfil cognitivo distinto al de quienes abandonaron el hábito al entrar en la vida adulta. La psicología cognitiva ya no lo lee como inmadurez, si no como inversión cerebral.

Los datos del Anuario de la industria del videojuego de la AEVI confirman que la edad media del jugador en España supera los 33 años. Quienes hoy mantienen el hábito no son chavales que no se han desconectado, sino adultos plenos con trabajo, hipoteca y, en muchos casos, hijos.

Lo que el videojuego entrena en un cerebro adulto

La psicología cognitiva señala tres áreas que el juego activo trabaja de forma sostenida. La primera es la memoria de trabajo, la que permite manipular información durante unos segundos para tomar decisiones. La segunda es la atención dividida, la que se necesita para mirar a varios sitios a la vez sin perder el hilo de ninguno. La tercera es la velocidad de procesamiento, la que se va perdiendo con la edad y que predice buena parte del declive cognitivo asociado al envejecimiento.

Investigaciones publicadas en revistas como Nature Human Behaviour han mostrado que los jugadores adultos sostenidos presentan, frente a no jugadores comparables, mayor materia gris en regiones del hipocampo y mejor rendimiento en pruebas de atención. La diferencia se mantiene controlando edad, nivel educativo y horas de sueño.

Por qué la psicología habla de reserva cognitiva

Reserva cognitiva es el término que usan los neuropsicólogos para describir la capacidad del cerebro para resistir el deterioro causado por el envejecimiento o por enfermedades neurodegenerativas. Cuanta más reserva acumula una persona durante su vida adulta, más tarde aparecen los síntomas y menos limitantes resultan cuando lo hacen.

La hipótesis que se está consolidando es que actividades complejas y sostenidas, como aprender un idioma, tocar un instrumento o jugar a videojuegos exigentes, alimentan esa reserva. No prometen prevenir el alzhéimer ni el párkinson, pero retrasan la edad a la que sus efectos se notan en la vida diaria.

El detalle que más interesa a los psicólogos es la palabra sostenido. El efecto no aparece en quien juega de forma aislada, sino en quien mantiene el hábito durante años. Por eso los adultos de 30 a 40 que hoy dedican unas horas semanales al videojuego están, según esta lectura, depositando capital cerebral que no verán hasta los 70 u 80, justo cuando más cuenta. La pregunta razonable ya no es si un adulto debería seguir jugando, sino si conviene combinarlo con otros estímulos para construir una reserva más amplia.