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Carolina, electricista venezolana en España: “Un mes puedo cobrar 100 euros y al siguiente 3.000 euros”

Después de dejar su puesto como policía en Venezuela, esta joven se fue al País Vasco y consiguió reinventarse.

un técnico arreglando una instalación eléctrica y Carolina durante la entrevista
Carolina, electricista venezolana en España: “Un mes puedo cobrar 100 euros y al siguiente 3.000 euros” |Canva / youtube (pódcast Sector Oficios)
Antonio Montoya
Fecha de actualización:

El mercado laboral de los oficios tradicionales, aquellos que son manuales y de toda la vida, está viviendo una importante transformación debido a la necesidad de relevo generacional que tienen, ya que varias generaciones han preferido más los trabajos de oficina o tecnológicos en las últimas décadas. En medio de esta escasez de profesionales, surgen historias de reinvención que impresionan por cómo se ha llegado hasta ahí. 

A sus 29 años, Carolina, una joven de origen venezolano que vive en San Sebastián, logró abrirse paso como electricista autónoma tras pasar por muchos cambios de rumbo en su vida tanto en el ámbito profesional como personal. No es la primera venezolana que se viene a España por trabajo, ni seguramente será la última.

En una reciente entrevista para el pódcast Sector Oficios, esta trabajadora explicó sus comienzos y cómo tuvo que empezar a abrirse camino en el mundo laboral ejerciendo profesiones muy dispares entre sí. 

"Yo fui policía. De policía pasé a tomar una decisión que fue irme de mi país", recuerda. Tras pasar por Uruguay y llegar finalmente al País Vasco como madre recién separada, no le quedó otra que aceptar trabajos precarios o con sueldos bajos. "Trabajé de niñera, trabajé limpiando, trabajé aquí, trabajé allá, porque claro, mi profesión no la podía ejercer", recuerda sobre sus comienzos. Fue entonces cuando su madre le insistió mucho para que estudiara electricidad, un consejo que cambió su destino para siempre.

Tuvo que irse a trabajar a la obra

Aunque al principio sentía que no servía para ello y ni siquiera sabía "cambiar una bombilla", Carolina superó un duro proceso de selección. "Éramos 100 candidatos y solo habían 15 plazas", destacó sobre el curso de profesionalidad que le dio acceso al carnet de instaladora. Su bautismo de fuego llegó poco después en la reforma de un local, donde el pánico inicial casi la paraliza. "Cuando empiezo a abrir cuadros y registros [...] yo decía: '¿Ahora qué hago? ¿Cómo yo me metí en esto?'", confesó entre risas.

El esfuerzo físico en sus primeros empleos en reformas integrales no fue fácil. "Pasaba horas y horas picando, derrumbando [...] llegaba a casa muerta", aseguró la trabajadora, lo que le empujó a buscar una empresa dedicada exclusivamente a la electricidad. Sin embargo, la negativa de sus jefes a subirle un sueldo de 1.400 euros la motivó a darse de alta como autónoma. Hoy en día, dueña absoluta de sus tarifas y proyectos, la joven no esconde la tremenda variabilidad de su facturación. "Yo no puedo decir cuánto gano al mes, porque igual hay un mes donde facturo 100 y hay un mes en donde puedo facturar 3.000", aclaró con sinceridad.

Priorizar el trabajo bien hecho frente a los precios bajos

Ya consolidada en el sector, Carolina rechaza entrar en guerras de precios con otros instaladores que ofrecen presupuestos temerarios. Recordó un caso donde una clienta rechazó su tarifa de 5.000 euros para irse con alguien que cobraba 3.000. Al final, la instalación resultó un desastre total. "Fue ir a pagar 3.000 euros por ahorrarse un dinero y es que ahora tiene que gastar el doble, irse a juicio, buscar que le devuelvan el dinero que no se lo van a devolver", sentenció la venezolana, demostrando que lo barato sale carísimo en la obra.

Por todo ello, la experta prefiere seleccionar muy bien a su clientela y valorar su inmenso esfuerzo. "Yo prefiero sinceramente estar en mi casa con mi hija [...] que estar regalándole mi tiempo y mi esfuerzo a una persona que no lo va a valorar", concluyó tajantemente, animando a las nuevas generaciones a dejar las redes sociales y aprender un oficio tan digno y necesario.

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