Tener que irte a otro país a trabajar no es plato de buen gusto, al menos para muchos, que lo hacen básicamente por necesidad al no tener las buenas condiciones laborales que les gustaría en su país. Entre los españoles es común ver casos como el de Pablo, que trabaja como albañil en Noruega y se fue allí para tener un mejor salario y mejores expectativas de vivienda.
Al igual que Pablo, hay muchos casos de lo contrario, extranjeros que vienen a España en busca de mejores condiciones y nuevas oportunidades para formar su vida aquí. En especial, desde Latinoamérica vienen muchos y ocupan oficios tradicionales como el de albañil o agricultor que hay falta de mano de obra. Sandra es otro ejemplo más de ello, una joven venezolana que emigró a España para conseguir un nuevo empleo y dar un cambio a su vida, algo que consiguió pero le costó un trabajo enorme, ya que empezó desde lo más bajo. “Cuando llegué sobrevivía con 500 euros al mes y ahora puedo ganar hasta 3.000”, recuerda sobre sus inicios.
Consiguió todos los carnet y se hizo camionera
Los primeros meses de Sandra en España no fueron fáciles ya que, como le pasa a muchos migrantes que llegan e intentan abrirse camino en el mercado laboral español, tenía un sueldo muy bajo que estaba en alrededor de los 500 euros mensuales. En aquel momento, solo con pagar sus gastos básicos ya era un desafío diario, por lo que se sentía muy vulnerable en comparación con el resto de personas.
Sin embargo, Sandra supo ver donde podía tener una oportunidad, concretamente en un sector que necesitaba trabajadores como es el transporte de mercancías. De hecho, solo en Andalucía se necesitan 250 camioneros actualmente. Ante esta escasez de conductores profesionales para rutas de larga distancia, decidió invertir todo lo que tenía en ese objetivo, el de ser camionera. Dedicó el poco tiempo que le quedaba y el poco dinero que ganaba aún en sacarse todos los permisos necesarios para conducir vehículos pesados, lo que, eso sí, cambió su vida y su futuro laboral hasta el momento.
Convertirse en camionera transformó por completo su calidad de vida. Actualmente, Sandra asegura que su nómina puede alcanzar los 3.000 euros mensuales, dependiendo del tipo de rutas que asuma y de las condiciones específicas de cada viaje. Este notable incremento salarial se debe a la altísima demanda de transportistas y a la propia dureza del oficio, que exige pasar largas jornadas fuera de casa al volante de un vehículo de gran tonelaje.
Rompiendo estereotipos en un mundo de hombres
Además de que mejoró mucho su economía, para Sandra dedicarse al transporte pesado significó mucho más, ya que tuvo que hacerse hueco en un oficio que siempre ha sido de hombre y en el que la mujer ha empezado a tener más protagonismo recientemente. La presencia femenina en el transporte por carretera en España sigue siendo muy reducida, y ella ha conseguido consolidarse en un entorno laboral tradicionalmente masculinizado. No solo ha logrado la deseada independencia financiera, sino que se ha ganado el respeto demostrando su capacidad profesional en total igualdad de condiciones.
Aunque la rutina diaria en un camión significa también estar sola mucho tiempo, comer mal y rápido, así como pasar tiempo fuera de casa, para la joven también tiene un parte buena y es que esta profesión le ha conseguido abrir muchas puertas. Para Sandra, conducir un tráiler ha sido la herramienta perfecta para reconstruir su vida en un nuevo país. Su caso evidencia cómo la movilidad social es posible partiendo desde abajo, y pone en valor el papel fundamental de los trabajadores extranjeros en actividades esenciales para la economía española.

