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Daniel Rojas, electricista: "He facturado 21.161 euros de una obra de 28 días, pero el beneficio real es de 4.600"

Trabaja como autónomo y, a pesar de que factura bastante dinero, apenas le queda ganancia a final de mes.

el electricista haciendo una instalación
Daniel Rojas, electricista: "He facturado 21.161 euros de una obra de 28 días, pero el beneficio real es de 4.600" |TikTok (@constructipp)
Antonio Montoya
Fecha de actualización:

Los trabajadores autónomos en España tienen por delante un presente y un futuro apretado en lo que a presión fiscal se refiere, y más al ver que la Comisión Europea ha situado a España como el Estado miembro donde más ha aumentado la presión fiscal en la última década, con un incremento de 2,9 puntos porcentuales del PIB entre los periodos 2015-2019 y 2020-2024. Factores que dejan a muchos autónomos condenados a trabajar durante todo el año para poder mantener sus negocios a flote sin tener pérdidas, de ahí que uno de cada tres autónomos no se coja vacaciones este verano.

"Facturar no es lo mismo que ganar", es la frase que más repiten los profesionales por cuenta propia, y el electricista Daniel Rojas ha querido demostrarlo con números de su propio negocio. A través de sus redes sociales (@constructipp en TikTok), este joven instalador ha compartido tanto lo que facturó como lo que se le fue en impuestos y gastos en su último proyecto para mostrar que su negocio, como tantos otros, no es tan rentable como parece.

Factura 21.161 euros por una obra

Daniel, que lleva apenas un año y medio trabajando como autónomo, asumió hace poco un encargo importante, el de realizar toda la instalación de luz y agua de un local comercial de 100 metros cuadrados. Para él, presentar un presupuesto cerrado de 21.161 euros suponía un salto de escala importantísimo en su negocio, y admite que sintió bastante miedo de cometer algún error de cálculo.

Completar el proyecto necesitó 28 días de trabajo sin parar para su empresa. Y es que tenía una serie de plazos de entrega que cumplir, por lo que Daniel tuvo que recurrir al apoyo de otro compañero autónomo durante ocho jornadas, una colaboración necesaria y que le vino bien pero que a la vez le supuso un gasto de 1.440 euros extra. Pero si algo le suponía un mayor gasto es todo el material que tenía que comprar para hacer la obra de instalación. Lo que correspondía al material de instalación era nada más y nada menos que 9.500 euros. A todo esto, el profesional tuvo que restarle otros 1.624 euros en concepto de gastos cotidianos como el gasoil, las cuotas de autónomos, el aparcamiento y hasta multas de tráfico. Tras sumar todos estos conceptos, los gastos operativos de la obra se dispararon hasta los 12.794 euros.

Lo que gana al final no llega a los 5.000 euros

Con los costes de producción ya descontados, el saldo de la obra se quedó en un beneficio bruto de 8.367 euros. Pero la gestión financiera no termina ahí para un autónomo, ya que llega el momento de rendir cuentas ante las obligaciones tributarias. Al beneficio bruto obtenido, Daniel tuvo que restarle el 21% de IVA, lo que redujo la cifra a 6.600 euros. Posteriormente, aplicó una retención del 30% en concepto de IRPF.

Después de aplicar todas esas deducciones fiscales, la cantidad con la que se queda el trabajador no es ni una cuarta parte, algo que por desgracia sufren miles de autónomos en España con sus comercios. "Los 21.161 euros se convierten en 4.600", afirma Rojas, mostrando el beneficio que tiene después de un mes de trabajo sin parar. Una cifra neta que se queda muy corta en comparación con lo que el electricista factura al cliente por la obra, algo que siempre es engañoso de cara al cliente, que piensa este se lleva mucho dinero cuando realmente no es así.

Viendo la historia de este electricista y la cantidad de comentarios que ha tenido en redes sociales, donde muchos trabajadores de otros ámbitos se han sentido verdaderamente identificados, no extraña que el debate sobre la viabilidad de los pequeños negocios en España que muchas veces pone sobre la mesa asociaciones como Cepyme sea cada vez mayor. Y es que la presión fiscal no deja mucho margen a las pequeñas empresas, que tienen que pagar casi los mismos impuestos que una grande por mantener abierto su negocio.