Frans Burchartz, exprofesor de Enfermería de 84 años, decidió abandonar el mercado laboral a los 61 mediante un programa de prejubilación en Países Bajos. Más de dos décadas después, asegura no arrepentirse. “No habría querido trabajar más tiempo, fue lo correcto”, declaró al diario neerlandés Algemeen Dagblad. Su experiencia reabre el debate sobre la sostenibilidad de las jubilaciones anticipadas y las condiciones necesarias para mantener un nivel de vida estable tras dejar de trabajar.
Burchartz cobra en su país dos tipos de pensión, una pública básica y otra complementaria, que al sumarlas le dejan menos de 3.000 euros netos al mes. Una cifra que puede resultar elevada en comparación con España, aunque no se encuentra entre las más altas comparado con otros países del norte de Europa. Pese a ello, asegura que nunca ha sentido que le falte dinero.
Según explica, la clave está en gastar con cabeza, él evita lujos innecesarios y prefiere destinar su dinero a lo que realmente le aporta valor. “Prefiero gastar en viajes que en símbolos de estatus”, resume.
Una forma de vivir la jubilación controlando bien los gastos
El caso de Burchartz muestra una forma de mantenerse cada vez más habitual entre los jubilados europeos, como es conservar la estabilidad económica gracias a un gasto moderado. El jubilado vive en un apartamento en propiedad adquirido en 2018 y adaptado para facilitar la movilidad, y mantiene una vida autónoma, con bajos gastos y una red social activa.
Tal y como declara al medio citado, en su día a día suele quedar con personas de su misma edad y realiza varios viajes al año, sobre todo a Indonesia, donde nació y vivió hasta los doce años. Además, durante años participó como voluntario en viajes organizados para personas con reumatismo, una experiencia que, según él, le ayudó a mantenerse activo tras jubilarse.
Desde el punto de vista social y de población, este tipo de casos se relaciona con el envejecimiento de Europa y con la necesidad de dar un nuevo papel a las personas mayores. Cada vez se ve más la jubilación como una etapa activa, no solo como un retiro, sobre todo entre quienes tienen buena salud y una situación económica estable.
Jubilarse antes de tiempo penaliza, pero hay formas de compensarlo
Sin embargo, jubilarse antes de tiempo tiene un coste. En la mayoría de países europeos, adelantar la retirada implica cobrar menos pensión. Por ejemplo, en Alemania se aplica una reducción del 0,3% por cada mes que se adelante la jubilación respecto a la edad legal.
Para reducir ese recorte, la Seguridad Social alemana permite hacer aportaciones extra a partir de los 50 años. Estas pueden pagarse de una sola vez o poco a poco, pero no se devuelven si al final no se adelanta la jubilación. Por eso, el organismo recomienda planificarlas bien y contar con asesoramiento fiscal.
Todo esto refleja el equilibrio que buscan los sistemas de pensiones. Por un lado, necesitan ser sostenibles a largo plazo y por otro, existe una demanda creciente de poder elegir cuándo jubilarse. Casos como el de Burchartz son posibles, pero dependen de factores como haber tenido un empleo estable, contar con pensiones complementarias y haber planificado bien las finanzas.
España se enfrenta al envejecimiento de la población y la flexibilidad de la jubilación
En España, el sistema también contempla la jubilación anticipada, aunque con condiciones estrictas y penalizaciones similares. Para acceder al 100% de la pensión se exige un periodo mínimo de cotización, que en 2026 se sitúa en torno a los 36 años y medio, y adelantar la jubilación puede suponer una reducción importante en lo que se cobra, sobre todo si no se ha cotizado muchos años.
Aun así, como en otros países europeos, se han introducido mecanismos para incentivar la prolongación de la vida laboral o para permitir una salida del mercado laboral más flexible. El gran reto sigue siendo encontrar un equilibrio entre garantizar pensiones sostenibles y asegurar que sean suficientes para vivir.

