Pedro Ramírez, psicólogo: "Hablar contigo mismo en voz alta no es un signo de desequilibrio, facilita la claridad mental y reduce la carga cognitiva del día a día"

El especialista desmonta uno de los prejuicios más extendidos sobre la salud mental y lo convierte en una herramienta sencilla para procesar mejor la información en el trabajo y en casa.

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La imagen de alguien hablando solo por la calle o en el coche sigue generando incomodidad en buena parte de la sociedad. Suele asociarse con desequilibrio, despiste o cierta excentricidad. La psicología cognitiva, sin embargo, lleva años defendiendo lo contrario, y Pedro Ramírez, psicólogo, lo resume con una afirmación clara: "Hablar contigo mismo en voz alta no es un signo de desequilibrio, facilita la claridad mental y reduce la carga cognitiva del día a día".

Ramírez explica que el habla privada, como la llaman los manuales, es una estrategia natural que el cerebro usa para descargar parte del trabajo mental. Cuando una persona verbaliza una secuencia de pasos, una lista de la compra o el guion de una conversación pendiente, libera memoria de trabajo y mejora la atención sobre lo que tiene entre manos.

Lo que la ciencia ha medido sobre este hábito

El propio psicólogo recuerda que una investigación de Lupyan y Swingley publicada en Quarterly Journal of Experimental Psychology demostró que pronunciar el nombre de un objeto que se busca acelera su localización visual frente a hacerlo en silencio. La explicación es que el sonido autogenerado refuerza la representación mental del objetivo y filtra mejor el resto del entorno.

Hay además otra capa que Ramírez subraya en sus consultas. Hablar solo permite externalizar emociones difíciles de identificar mientras solo se piensan. Decir en voz alta "estoy nervioso porque mañana tengo la entrevista" produce un efecto distinto al de pensarlo. La verbalización obliga al cerebro a estructurar la emoción en lenguaje, lo que reduce su intensidad y la convierte en algo manejable.

Cuándo deja de ser útil y empieza a ser una señal

El psicólogo matiza que no todo hablar solo cumple la misma función. El hábito sano se reconoce porque es voluntario, contextual y se interrumpe cuando aparece otra persona. Ayuda a planificar, a ensayar, a regular emociones o a recordar.

Sí conviene prestar atención cuando el hablar solo se vuelve constante, escapa al control consciente, mantiene diálogos con interlocutores que no existen o aparece acompañado de angustia. En esos casos Ramírez recomienda consultar con un profesional, no porque hablar solo sea un síntoma en sí, sino porque puede acompañar a otros patrones que sí merecen evaluación.

Más allá de esa excepción, el especialista anima a normalizar el hábito. Lo aplica al ámbito laboral, donde verbalizar en voz baja la siguiente tarea ayuda a no perder el hilo en jornadas largas, y al doméstico, donde repasar en alto los recados antes de salir reduce los olvidos. Lo que durante siglos se castigó como una rareza es, en realidad, una de las formas más baratas que tiene el cerebro humano de pensar mejor.

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