Ángel Flores, albañil jubilado: "En la Expo 92 había prisa, pero hubo gente que ganó dinero porque las horas extra eran caras"

Este trabajador recuerda cómo fue levantar el recinto de la Isla de la Cartuja y lo que ha cambiado la construcción desde entonces.

Un hombre aleatorio delante de una construcción |Envato
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Haber formado parte de los trabajadores que estuvieron en las obras de la Exposición Universal de Sevilla de 1992 es algo que se queda marcado para toda la vida, tanto por lo que supuso aquel evento en sí para la ciudad como por todo lo que aprendieron en lo relativo al ámbito de la construcción. Y es que levantar unas infraestructuras como aquellas necesitó de un esfuerzo humano sin precedentes, debido a los plazos de entrega que tenían que cumplir sí o sí, ya que era lo que marcaba la organización para la celebración del evento en el tiempo fijado.

Un caso llamativo de estos trabajadores que estuvieron en la Expo del 92 es el de Ángel Flores, un albañil ya jubilado que vivió en primera persona la transformación de la ciudad andaluza de cara uno de los eventos culturales más importantes del mundo por aquel entonces. El impacto inicial al llegar a la zona fue enorme. "Allí antes no había nada, aquello fue levantar una ciudad nueva", recuerda este albañil en una entrevista para el diario ABC Sevilla.

Trabajaban sábados, domingos y “echando muchas horas”

Tenían que llegar a tiempo para las fechas en las que estaba fijado el evento y esto obligó a las cuadrillas a llevar un ritmo de trabajo impresionante en el que apenas descansaban. "Había que llegar a una fecha y por eso se trabajaba mucho, con prisas y echando muchas horas", confiesa el exalbañil.

Eso sí, lo que trabajaban de más se cobraba de más también, ya que la urgencia les hacía correr más y por tanto los encargados tenían que pedirles esfuerzos extra en los fines de semana. "Cuando corría prisa te decían: 'Hay que venir un sábado', 'hay que venir un domingo' o 'hay que echar un par de horas más'. Y esas horas sí eran caras", detalla Ángel, asegurando que los obreros dispuestos a renunciar a su descanso lograron ahorrar bastante dinero.

Un método de trabajo que ha quedado atrás

Por otro lado, al comparar su experiencia pasada con el panorama actual, este profesional observa un cambio radical en la forma de edificar. Como la tecnología ha avanzado, la dependencia de cuadrillas tan grandes a pie de obra ha disminuido notablemente.

"La construcción ha cambiado mucho. Hay menos gente, pero ahora muchas cosas se hacen en fábrica. Se hacen grandes piezas, grandes plataformas, llegan los módulos y se montan", explica de forma clara. Por lo que, aunque la ingeniería moderna permitiría construir proyectos igual de ambiciosos hoy en día, Ángel lamenta que en la actualidad casi todo se centre en hacer viviendas y falten proyectos de gran envergadura cultural.

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