La jubilación anticipada, ya sea en su formato voluntario o involuntario, tienen la ventaja de poder acceder antes a la pensión de jubilación pero, a su vez, traen consigo también una desventaja, y es que se le aplican siempre una serie de coeficientes reductores que dejan la cuantía a percibir por el pensionista por debajo de la que tendría si se jubilara a su edad ordinaria.
Y es que la Seguridad Social aplica recortes que van desde el 0,50% hasta el 21%, por no decir incluso un porcentaje mayor en algunos casos concretos, y ya de por vida. Esta penalización puede cambiar dependiendo de la modalidad de jubilación, los meses adelantados con respecto a la edad ordinaria de jubilación y el total de años cotizados a lo largo de la vida laboral. Además, en el caso de pasarse de la pensión máxima, se aplicará un recorte adicional, de ahí que en algunos casos sobrepase ese 21%.
Estas penalizaciones se aplican siempre de forma automática y permanente, ignorando por completo el esfuerzo de quienes llevan tantas décadas trabajando de forma ininterrumpida.
Uno de estos casos es el de Francisco Javier Cerrada, un pensionista español que, a pesar de haber estado trabajando más de 40 años y haber estado aportando todas esas décadas seguidas aportando cotizaciones a la Seguridad Social, ha visto cómo le reducían la pensión hasta una cantidad que ni él mismo se podía imaginar en un principio. Y por razones que él no podía evitar.
La crisis le dejó sin trabajo y arruinó años de aportaciones
Francisco Javier empezó a trabajar siendo aún muy joven, ya que apenas tenía 16 años, allá por el año 1968. A lo largo de los años tuvo todo tipo de trabajos, desde ocupar puestos de recepcionista de hotel o cajero de banca, hasta incluso irse a otros países europeos como Francia e Inglaterra a trabajar. Con todo, esta larga carrera profesional se vio cortada por las dos crisis más importantes que ha vivido nuestra sociedad reciente, la de 1992, que le costó perder su empleo, y la de 2008, que provocó el cierre definitivo de su empresa.
Al estar sin trabajo a los 58 años, la compañía se vio obligada a suscribir un convenio especial hasta que el trabajador cumpliera los 61 años. Cuando llegó a esa edad, y como ya no podía reincorporarse al mercado laboral debido a nadie quería contratar a gente de su edad, a Francisco Javier no le quedó otra que pedir la jubilación anticipada. Al formalizar el trámite, la Seguridad Social le aplicó un recorte del 26% en su pensión mensual de por vida.
Un doble castigo que ignora los años de esfuerzo
Él, como es evidente, no puede estar más enfadado después de ver como sus 42 años cotizados apenas sirven para tener una pensión muy por debajo de lo que realmente merecería si no hubiera coeficientes reductores. También a eso le tiene que sumar el tiempo que dedicó a cumplir con el servicio militar obligatorio. "Muchos jubilados consideran que los años cotizados no valen lo mismo para todos", expone el reportaje publicado en el diario Sport, visibilizando la discriminación sistemática que sufren estos perfiles.
Por si fuera poco, Francisco Javier denuncia un problema más, y es que la base reguladora que se usó para los funcionarios públicos para calcular el montante de su pensión es la de la escala salarial más baja de toda su carrera. Por lo que, en la práctica, su retribución mensual final resulta todavía más inferior y no refleja para nada su carrera profesional ni todo lo que ha aportado durante tantos años.

