La Comisión Europea (CE) ha rechazado frontalmente las críticas lanzadas desde Estados Unidos (EEUU) contra el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM). Desde este organismo que preside Úrsula von der Leyen se ha descartado que este instrumento pueda asemejarse a los aranceles que Donald Trump ha impuesto al aluminio y al acero.
Esta contestación llega cuando el embajador estadounidense ante la UE (Unión Europea) Andrew Puzder acusó al bloque comunitario de “hipocresía” en un artículo que publicó The Financial Times. En este reportaje, cuestionó que la UE esté criticando los impuestos ordenados por Washington al tiempo que obliga a determinados productos importados a asumir un coste relacionado con las emisiones generadas en el periodo de producción.
Bruselas defiende que no es un arancel, sino una medida climática para evitar que las empresas trasladen su producción a países con exigencias ambientales más bajas. También busca que los productos importados soporten un precio por las emisiones equivalente al de los fabricantes europeos.
“Una medida climática para evitar la fuga de carbono”
La portavoz comunitaria de Fiscalidad, Louise Bogey, ha hablado en nombre de la CE asegurando que por parte del Gobierno europeo no se comparte la caracterización del CBAM como un arancel. “El Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono es una medida climática diseñada para evitar la fuga de carbono, apoyar la descarbonización mundial y garantizar que los bienes importados estén sujetos al mismo precio del carbono que afrontan los productores europeos”, ha dicho.
Según el planteamiento realizado por el embajador de Estados Unidos, la UE aplica en la práctica un gravamen a las importaciones al tiempo que cuestiona las medidas adoptadas por el Ejecutivo de Trump.
La llamada ‘fuga de carbono’ tiene lugar cuando una empresa traslada su actividad a un país con unas normas ambientales menos estrictas o cuando los productos europeos son sustituidos por importaciones cuya fabricación genera más emisiones.
No existe discriminación por países
Europa lo tiene claro y rebate a los estadounidenses, ya que han explicado que este sistema es compatible con las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y que no favorece y tampoco perjudica a ningún socio comercial por su procedencia. Las obligaciones se calculan en función de las emisiones que incorporan los productos importados, independientemente del país del que procedan.
Por eso, Bruselas apoya que este sistema no es discriminatorio, ya que, a diferencia del arancel convencional, los bienes cuya producción sea menos intensiva en carbono estarán sujetos a un coste menor o podrán quedar libres de obligaciones. En los casos en que el fabricante haya pagado un precio en el país de origen en concepto de emisiones, la cuantía podrá descontarse de la que corresponda en el mecanismo europeo, evitando que se pague dos veces por las mismas emisiones.
La autonomía regulatoria de la Unión Europea es “innegociable”
Bruselas insiste en que la autonomía regulatoria de la Unión Europea no se discute y que es “innegociable”. Con esta postura, el Ejecutivo comunitario reivindica la capacidad que tiene para establecer sus normas ambientales y comerciales. A pesar de las discrepancias con la Casa Blanca, la CE asegura que va a mantener abierto el diálogo con Estados Unidos y con el resto de socios comerciales sobre la aplicación del mecanismo.
Las conversaciones prestan atención especial a las preocupaciones que se trasladan por las pequeñas y medianas empresas, que pueden tener más problemas administrativos para calcular y justificar las emisiones de sus productos.

