Las disputas familiares por herencias y viviendas suelen agravarse cuando uno de los hijos se convierte en cuidador principal de sus padres mayores. Eso es lo que ha ocurrido a una familia canadiense, donde dos hermanas terminaron llevando a los tribunales a su hermano después de que este se quedara con la casa de su madre, una mujer de 106 años que padecía demencia.
Durante años, el hombre vivió con su madre y se encargó de cuidarla, gestionar sus finanzas y administrar la vivienda familiar. Mientras tanto, sus hermanas, habían hecho su vida fuera del domicilio familiar. Según la información publicada por Hull & Hull LLP, en 2016, cuando la mujer tenía 98 años y ya presentaba problemas cognitivos, firmó un documento mediante el cual cedía su parte de la casa a su hijo, convirtiéndolo en propietario único de la casa.
Con el paso del tiempo, las hermanas comenzaron a sospechar que su madre quizá nunca entendió realmente lo que había firmado, especialmente después de descubrir que apenas quedaba dinero para cubrir sus cuidados y que su hermano había retirado fondos adicionales de las cuentas bancarias familiares. El mismo reconoció deber 32.000 dólares a la herencia, algo que terminó agravando todavía más el conflicto familiar y que acabó llevando el caso ante los tribunales.
Las hermanas denunciaron que su madre sufría demencia
Durante el juicio declararon varios expertos médicos para determinar si la mujer comprendía realmente las consecuencias de ceder la vivienda a su hijo.
Un psiquiatra geriátrico aseguró que la demencia de la anciana estaba demasiado avanzada en 2016 como para entender plenamente el alcance de la operación. Otro especialista, sin embargo, consideró que no existían pruebas concluyentes de incapacidad mental.
Finalmente, el tribunal dio mayor credibilidad al psiquiatra y concluyó que la mujer probablemente no entendía lo que hacía cuando transfirió su parte de la casa.
Además, las hijas también denunciaron que su hermano controlaba prácticamente todos los aspectos de la vida de su madre: convivía con ella, administraba sus finanzas y tomaba decisiones sobre sus cuidados diarios.
La Justicia anuló la transferencia de la vivienda
El tribunal consideró que existía una posible situación de influencia indebida por parte del hijo, lo que obligaba a demostrar que la decisión de la anciana había sido completamente libre e independiente.
Sin embargo, los jueces concluyeron que no existían pruebas suficientes de que la mujer hubiera recibido asesoramiento legal independiente ni de que comprendiera realmente la operación que estaba firmando.
Por ello, la Justicia anuló la transferencia de la vivienda y ordenó que la propiedad volviera a la situación anterior, compartida entre la madre y el hijo.
El caso se complicó todavía más porque el hombre falleció posteriormente y, antes de morir, había transferido la vivienda a su esposa. Además, sobre la casa pesaba una hipoteca de un millón de dólares vinculada a honorarios legales, que el tribunal también ordenó cancelar.