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Vanessa, madre divorciada trabajando: “Pago a otras madres para que preparen los almuerzos de mis hijos”

Aunque al principio se sentía culpable por no prepararles las comidas ella misma, asegura que esta decisión le ha permitido pasar más tiempo de calidad con sus hijos.

Una mujer cocinando en casa
Una mujer cocinando en casa |Envato
Esperanza Murcia
Fecha de actualización:

Compaginar el trabajo con el cuidado de los hijos puede llegar a ser verdaderamente difícil. A pesar de todos los avances en derechos laborales de los últimos años, la conciliación sigue siendo uno de los principales problemas para las familias donde ambos progenitores trabajan. Un problema que se agrava aun más cuando la pareja decide separarse. Así lo asegura Vanessa Gordon, quien lo notó en un detalle que podría pasar desapercibido para muchos: no podía preparar el almuerzo de sus hijos de la misma forma que antes.

“Cuando mis hijos y yo vivíamos juntos bajo el mismo techo a tiempo completo, prepararles el almuerzo era una de mis principales formas de expresar mi amor”, cuenta en primera persona para ‘Business Insider’, explicando que, entonces, formaban parte de un programa de agricultura que, además, les permitía acceder a diario a productos frescos.

Asimismo, horneaban sus propios panes y productos de bollería. “Sus almuerzos no eran muy elaborados, pero sí creativos y divertidos”, apunta. Sin embargo, con el fin de su matrimonio, su ritmo diario cambió por completo, resultándole difícil ocuparse de esta tarea. 

A pesar de ello y de vivir a más de 30 minutos de sus hijos, en un principio intentó seguir preparándoles todos los días sus almuerzos para el colegio. En verano, el trayecto se podía alargar hasta tres veces más, debido al tráfico entre Hampton Bays (donde ella trabaja) y East Hampton (donde principalmente viven sus hijos, junto a su padre). 

“A menudo se nos hace creer a las madres que el amor se mide por lo que logramos personalmente”

Negándose a abandonar esta tradición, Vanessa se dispuso a dejar todo preparado los domingos, antes de llevar a los niños de vuelta a casa de su padre. Sin embargo, trabajando como organizadora de eventos, eran precisamente los fines de semana cuando más trabajo tenía. 

Así, se veía de madrugada, después de toda una jornada de trabajo, preparando y cocinando. “Estaba decidida a seguir haciéndolo todo como antes, por el bien de mis hijos. Al final, tuve que admitir que preparar varias comidas a la vez a toda prisa no me devolvía lo que echaba de menos de cocinar para mis hijos”, cuenta.

Con el deseo de proporcionarle comida casera y equilibrada, fue el trabajo el que le ayudó a encontrar una solución. Como organizadora de eventos, había conocido a un gran número de chefs, preguntándole a una de ellas si podía pagarle porque reservara algunas raciones adicionales para sus hijos.

También pudo recibir ayuda de otra madre: “Ella cocina habitualmente para una familia numerosa, y yo le pago para que prepare comidas adicionales para mis hijos. Las recojo los domingos, martes y jueves mientras viajo hacia el este para recoger a mis hijos. Su casa se encuentra en mi ruta hacia el este, lo que hace que este acuerdo sea factible incluso durante mis semanas más ajetreadas”.

En el citado medio, explica que gracias a esta ayuda ha podido ofrecerle comidas caseras, variadas y completas. “Pago a estas mujeres porque su tiempo, los ingredientes, su talento y su trabajo tienen un valor inmenso”, si bien al principio era algo que le preocupaba.

“A menudo se nos hace creer a las madres que el amor se mide por lo que logramos personalmente, sobre todo en la cocina. Puede resultar difícil dejar de lado la idea de que hacerlo todo una misma es, de alguna manera, la máxima expresión de devoción. Pero yo veo esta forma tan singular de hacer las cosas con otros ojos”, defiende Vanessa.

De hecho, ella misma elige las comidas, las recoge, prepara lo necesario y toma nota de lo que les gusta a sus hijos. “Y lo más importante: tengo más energía y concentración para estar presente cuando estamos juntos”, añade. Además, asegura que ha resurgido su interés por la cocina.

“Mis hijos siguen viéndome cocinar, pero ahora también ven que las familias pueden apoyarse mutuamente y que pedir ayuda no significa que nos importe menos”, expresa, asegurando que esta decisión le ha permitido seguir construyendo una vida estable para su familia y tener algo nuevo por lo que ilusionarse.