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Sobrevivir a las vacaciones escolares: cuando conciliar en España se convierte en un privilegio para quienes pueden pagarlo

Los elevados precios de los campamentos y la falta de políticas públicas de conciliación deja en la encrucijada a miles de familias.

Una familia llevando a su hija al colegio
Una familia llevando a su hija al colegio |Europa Press
Esperanza Murcia
Fecha de actualización:

El curso escolar se acaba y deja en la encrucijada a miles de familias, quienes comienzan una auténtica yincana diaria. Tirar cuando se puede de familiares (como son los abuelos) o ajustar el bolsillo para pagar un campamento de verano, parecen ser las dos únicas opciones a las que pueden acogerse los padres y madres trabajadores en los meses de verano.

Las políticas de conciliación familiar y laboral en nuestro país siguen siendo una asignatura pendiente. Sobre todo se acusa más en este periodo porque el periodo estival es bastante largo comparado con otros países europeos y para las familias, en muchos casos, es una yicana para intentar conciliar tu vida familiar y laboral, que pasa también el resto del año”, explica la presidenta de FAPA Francisco Giner de los Ríos, María Carmen Morillas Vallejo, a ‘NoticiasTrabajo’.

Según el informe ‘Campamentos de verano en España. Una necesidad creciente entre la conciliación y el bienestar infantil’, elaborado por EAE Business School, el 50% de las familias afirma que los campamentos de verano les ayudan a conciliar. De hecho, según datos de 2023, aproximadamente el 60% de las familias españolas opta por enviar a sus hijos a estos campamentos.

En este escenario, el verano se está convirtiendo en una brecha de desigualdad. Y es que, según un estudio de ‘Save the children’, un 34% de los hogares con menores no puede permitirse ni vacaciones ni campamentos, lo que revela una brecha de equidad.

“Los gastos en campamentos son uno de los primeros en ser recortados por muchas familias con limitaciones económicas, lo que repercute seriamente en el bienestar y desarrollo saludable de los niños y niñas durante la época estival. Además, tiene consecuencias en términos de conciliación para estas familias, perpetuando así círculos de precariedad laboral”, aseguró en dicho estudio Diego Santamaría, especialista en pobreza y desigualdad de ‘Save the Children’.

El alto coste de los campamentos de verano

Los campamentos de multiaventura y naturaleza suelen estar entre los más populares y, por lo general, su precio suele ser “todo incluido”, aunque las tarifas varían según la quincena elegida, si bien la primera de julio suele ser la más cara debido a la alta demanda inicial tras el fin de las clases.

Según recoge el blog de Cofidis, programas en la zona de Cuenca o Gredos de unos 13 o 14 días suelen rondar entre los 600 y los 880 euros, dependiendo de las instalaciones y actividades incluidas. En la misma línea, campamentos multiaventura en Aragón de 13 días parten de los 748 euros. Como más ejemplos, en campamentos combinados (aventura más ingles) el coste estándar para dos semanas se sitúa cerca de los 800 euros. 

Si nos centramos solo en campamentos inmersivos de inglés, según el citado blog, programas en grandes capitales como Madrid, Barcelona o Málaga, suelen oscilar entre los 1.195 euros por una semana y los 3.295 euros si se completa el mes. Si quitamos el alojamiento (recogiendo a los niños por la tarde), el precio suele partir de los 495 hasta los 1.375 euros, dependiendo de la duración del programa.

Todo esto serían orientaciones de campamentos privados. Las comunidades autonómas cuentan con programas subvencionados (a precios reducidos), pero las plazas son limitadas y suelen volar, por lo que son medidas insuficientes.

“Son carísimos, no todo el mundo se lo puede permitir. Y el poder acceder a un campamento a través de de una subvención o de una cobertura de servicios sociales cada vez es más complicado porque también depende de las prioridades y la oferta que realicen sobre todo los ayuntamientos y corporaciones municipales. Y no todo el mundo tiene esas prioridades”, manifiesta la presidenta de FAPA Madrid.

Las políticas públicas son, al final, decisiones políticas. Y en muchos territorios “hay otras prioridades”. Esto desemboca, en palabras de Morillas Vallejo, en “un quebradero de cabeza para muchísimas familias, sobre todo las familias más vulnerables. Las familias que puedan desembolsar económicamente grandes cantidades, se lo pueden permitir, pero para quien no se lo puede permitir, supone un gran problema”.

Un gran problema y frustración, llegando a ser “desesperante”: tienes la necesidad de acogerte a ellos, pero no puedes asumirlo.

Más de 22.000 excedencias en verano

La imposibilidad de pagar un campamento de verano, o de poder apoyarse en otros familiares, obligan a muchas familias a tener que acogerse a una excedencia. Según el informe de la EAE Business School, cada verano se tramitan más de 22.000 excedencias laborales por cuidado de hijos, de las cuales el 90% las solicitan mujeres, lo que demuestra las desigualdades estructurales que aún persisten en la conciliación.

La pérdida de este salario supone una pérdida retributiva importante en muchas familias, que ya de por sí tienen que hacer malabares para poder llegar a final de mes. Para otras muchas, cada vez más, deja de ser siquiera una opción: o trabajan, o no comen

“Hay familias que que no pueden pedir ningún tipo de excedencia porque viven al día a día. Si no pueden trabajar, no tienen dinero para comer, porque tenemos muchas realidades en nuestras ciudades, en nuestros pueblos. Ese porcentaje de de familias en esa situación más compleja, que son muchas y cada vez, se tienen que buscar la vida. Cuando no tienes una red familiar, cuando no tienes economía para poder desembolsar esas cantidades ingentes de dinero para esa conciliación familiar y laboral, al final pues te las tienes que apañar como puedas”.

Incluso, en los casos en los que un progenitor puede sacrificarse y pedir una excedencia para los meses estivales, esa misma excedencia acaba de perpetuando otra brecha, esta vez la de género. Y es que son ellas, en su mayoría, las que suelen sacrificar su carrera profesional: “En la mayoría de los casos siempre es la mujer la que tiene que asumir los cuidados. Cuando estamos pidiendo políticas de conciliación familiar y laboral, lo pedimos siempre con un carácter de corresponsabilidad para que no seamos las mujeres las que tengamos que asumir siempre este rol y que tengamos que sacrificar nuestra vida profesional”, señala.

La conciliación y la flexibilidad, motivo para cambiar de trabajo

En este contexto, un informe reciente de Infojobs recoge que un 50% de los cambios de empleo realizados de forma voluntaria están vinculados a motivos relacionados con la conciliación y la flexibilidad laboral. A pesar de este interés, el 65% de los trabajadores considera difícil encontrar un empleo con mejores condiciones de conciliación, lo que de demuestra el reto que sigue suponiendo en España esta materia.

Entre quienes encuentran más dificultades para conciliar, la flexibilidad horaria se mantiene como la medida más demandada (53%), seguida del teletrabajo (37%) y la jornada intensiva (35%).

El ‘impacto’ de la falta de conciliación

Según el mismo estudio de Infojobs, el 55% de los profesionales con personas a su cargo asegura que las tareas de cuidado tienen un alto impacto en su vida laboral. En las excedencias por cuidado de hijos o familiares, la brecha de género supera los 20 puntos porcentuales, acogiéndose a esta medida el 24% de las mujeres, frente al 2% de los hombres.

Entrando en las consecuencias de esa carga de cuidados, el cansancio mental es la consecuencia más señalada (46%), por delante incluso del cansancio físico (40%). Además, el 20% ha renunciado a oportunidades laborales y el 16% ha reducido su jornada para poder compatibilizar ambas responsabilidades.

Un problema estructural que se sufre todo el año: “cuando las familias tenemos hijos, lo que queremos es estar con ellos”

María Carmen Morillas Vallejo reitera que la falta de conciliación se sufre todo el año, aunque se haga más evidente en verano. Tal así, que se normalizan situaciones que no lo son: “cuando las familias tenemos hijos e hijas, lo que queremos es estar con ellos. Lo que no queremos es estarlos dejando en diferentes lugares”.

Eso es lo importante y donde hay que poner el foco: no habría que estar buscandose la vida diariamente para poder tener una familia y trabajar. Ambos son un derecho. Y, para que se hagan efectivos, lo que se necesita es una reforma integral. No basta con crear una red amplia de servicios públicos en verano, lo que se requiere es una política publica desde diferentes ámbitos. Uno de ellos, por supuesto, el laboral.

“Tenemos familias que incluso están con dos y tres trabajos super precarios, pero dependen de ellos para poder comer. Hay situaciones que te encuentras que es que no hay opción: si no trabajas no comes. Tenemos familias que están viviendo en habitaciones. Lo que pasa qu hay veces que son situaciones duras y no nos gusta escuchar o no nos gusta hablar sobre ellas, pero son realidades”.

Por ello, reitera, lo “ideal” sería generar políticas de conciliación familiar y laboral “potentes” para que “las familias podamos estar con nuestros hijos y con nuestras hijas. Tener espacios gratuitos de ocio y tiempo libre en periodos estivales, en vacaciones, pero lo más adecuado sería poder facilitar desde los diferentes ámbitos, tanto laboral como de derechos sociales”.

Como ejemplo, en otros países europeos es impensable que un comercio, por ejemplo, pueda estar abierto hasta las 20:00 horas. En España, en cambio, la apertura suele llegar hasta las 22:00 horas. En verano, incluso se amplía. “Esto como un ejemplo de un comercio, ¿a qué hora llegas a casa? Hay que generar esas políticas de conciliación familiar y laboral con el objetivo de que los padres y madres podamos estar con nuestros hijos e hijas, para que podamos tener otro tipo de ritmo y de vida en nuestro país”, reivindica Morillas Vallejo. 

Se trata de una reforma “compleja”, como reconoce, que incluye modificaciones legislativas, pero muy necesaria: “la sociedad está sometida a una presión que genera muchas dificultades. No podemos soplar y sorber al mismo tiempo cuando nos rasgamos las vestiduras diciendo que la natalidad está bajando. ¿Cómo no va a bajar? Es que tener un hijo o una hija hoy en día no es fácil.

Y, cuando a pesar de esas dificultades, se crea una familia, tienes que lidiar con la frustración de tener que ocuparte de tus hijos y no poder, porque el trabajo no te lo permite. 

“Todos los años es lo mismo. Todos los años reivindicamos las políticas de conciliación familiar y laboral y no se soluciona desde las diferentes administraciones, cuando todas tienen sus propias competencias y su propio ámbito de actuación. ¿Tan difícil es que se junten las administraciones locales con las regionales y con las estatales para favorecer esas políticas dirigidas a ciudadanía?Es la pregunta con la que concluye y, hasta que no se le de respuesta, seguirá mermando la salud de los trabajadores.