Son muchos los que, cuando se acerca la edad de jubilación, comienzan a hacer planes sobre cómo vivirán esta etapa de su vida. Mientras algunos piensan en retirarse a un lugar tranquilo o un país más soleado, esta mujer de 70 años decidió invertir sus ahorros en construir un pequeño pueblo para mujeres mayores.
Según explicó Robyn en una entrevista con la revista People, utilizó el dinero de su plan de pensiones para construir una comunidad de minicasas situada en Cumby, Texas, destinada exclusivamente a mujeres mayores. Actualmente viven allí 11 personas de entre 60 y 80 años, la mayoría solteras, divorciadas o viudas.
“Compré una casa diminuta y viví en una comunidad de casas diminutas, y entonces decidí: Oye, podría generar ingresos pasivos con mi plan de jubilación”.
La comunidad se encuentra, tiene capacidad para 14 viviendas y el alquiler comienza en 450 dólares al mes, una cantidad que busca ofrecer una alternativa más asequible que otras opciones de alojamiento para personas mayores.
“Simplemente me lancé a la aventura”
Crear el proyecto no fue sencillo, Robyn tuvo que buscar durante meses un terreno donde estuviera permitido instalar las pequeñas viviendas, ya que este tipo de construcciones no se admite en muchas zonas.
“Lo primero fue encontrar el terreno”, explica. Finalmente, encontró una parcela en las afueras de Dallas y decidió invertir 150.000 dólares de sus ahorros para la jubilación. Una decisión que, según reconoce, tomó sin pensar demasiado en los riesgos.
“No soy de las que se quedan pensando en lo que podría haber sido”, afirma. “Tenía la necesidad y sabía que ese dinero no me serviría para la jubilación... así que simplemente me lancé a la aventura”.
El resultado ha superado sus expectativas, de las 14 viviendas disponibles, prácticamente todas están ocupadas y más de 500 mujeres han mostrado interés en entrar en la comunidad.
La elevada demanda demuestra que muchas mujeres mayores buscan algo más que una vivienda barata. Robyn considera que también necesitan compañía, independencia y una red de apoyo cercana.
Una comunidad donde se cuidan unas a otras
La vida en este pequeño pueblo gira alrededor de los espacios compartidos y de la ayuda entre las residentes. Las mujeres se reúnen casi todas las noches para hablar sobre cómo ha transcurrido el día y suelen compartir comidas, cafés y tareas.
“Todos nos reunimos al final del día, casi todas las noches”, cuenta Robyn. “Simplemente para ponernos al día con los demás... para ver cómo les ha ido el día”.
También se ayudan cuando alguna enferma o necesita cuidados. Robyn recuerda el caso de una vecina que tuvo que someterse a una operación de rodilla y recibió el apoyo del resto de residentes. “Entre todas nos turnamos para llevarla a fisioterapia, prepararle la comida y hacerle la compra”, explica. “Nos entendemos muy bien. Alguien se acerca y pregunta: ‘¿Estás bien?’”.
La convivencia se basa en una norma de hablar directamente cuando surge algún problema. “Cualquier problema que tengamos, debemos hablarlo abiertamente”, señala Robyn. “Terminamos la conversación diciendo: ‘No hay resentimientos. Esta es solo mi opinión’”.
Para ella, el proyecto se ha convertido en mucho más que una inversión, y es una forma de evitar la soledad y de crear una segunda familia para mujeres que se encuentran en una etapa similar de sus vidas.
“Somos una comunidad”, resume. “Se trata de que las mujeres se empoderen entre sí. No podemos menospreciar a las mujeres. Tenemos que apoyarnos mutuamente y hacer un esfuerzo adicional para ser amables”.
Robyn espera que otras personas puedan replicar este modelo en distintos lugares. Sin embargo, cree que la combinación de mujeres jubiladas, independencia y apoyo mutuo es lo que hace que su pequeño pueblo sea especial.
“La mayoría, entre el 80 y el 89 por ciento de los residentes de minicasas, son mujeres jubiladas”, asegura. “Para ellas es perfecto”.

