Monique y Jean-Pierre, un matrimonio belga de más de 75 años, han decidido darle un giro a su vida tras la jubilación trasladándose a una casa prefabricada de 50 metros cuadrados instalada en el jardín de su antigua vivienda familiar en la pequeña localidad de Dibeek. La decisión, tomada tras años de búsqueda de alternativas habitacionales asequibles, responde a una combinación de factores económicos, familiares y de calidad de vida.
Según explicaron en una entrevista al medio belga ‘7sur7’, tal y como recoge el ‘Diario AS’, el matrimonio vivió durante un tiempo con su hija y sus cuatro nietos. Y aunque podría ser una solución factible, con el tiempo se dieron cuenta de que apenas tenían privacidad. “Vivimos un tiempo juntos en la casa, pero nos faltaba privacidad”, confesaron.
Sin embargo, la imposibilidad de ampliar la vivienda principal (tanto por su configuración como por el coste), les llevó a buscar una alternativa menos usual. En este caso, instalar una casa independiente en el jardín.
Una casa pequeña y pensada al detalle para vivir mejor en la jubilación
La opción de la casa prefabricada no fue improvisada. Antes de dar el paso, consultaron con su entorno cercano y analizaron el mercado para asegurarse de que la vivienda cumplía con las normativas vigentes, incluidos los estándares de eficiencia energética QZEN. Un proceso cada vez más habitual en Europa, donde se buscan soluciones habitacionales más flexibles y sostenibles, especialmente entre la población envejecida.
En términos de habitabilidad, la pareja defiende la suficiencia del espacio que disponen. “Con 50 m² tenemos más que suficiente”, aseguran. Además, la vivienda ha sido diseñada con criterios de accesibilidad, con puertas anchas, pasillos adaptados y baños preparados para movilidad reducida, por si se dieran necesidades futuras, aunque también ha implicado algún que otro ajuste, especialmente en el mobiliario, que ha tenido que adaptarse a las dimensiones más reducidas.
Pero la vivienda no está exenta de limitaciones. La falta de almacenamiento obliga a utilizar el garaje de la casa principal y algunos servicios, como la lavadora, siguen siendo compartidos. También reconocen restricciones en la vida social, ya que el espacio no permite reuniones de mucha gente.
Más allá de lo personal, su decisión apunta, sobre todo, al elevado coste de las residencias. Mientras que, de esta manera, esta solución ofrece una alternativa que combina independencia, cercanía familiar y menor coste. “Si tuviéramos que ir a una residencia, las tarifas serían de un orden completamente diferente”, subrayan.

