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Manuel, albañil: “Estudié Técnico en Administración de Empresas, pero a los 3 meses en la oficina supe que no era lo mío y me fui de peón a la obra”

Este hombre se hizo especialista en reformas y montó una empresa.

un albañil transportando una viga
Un albañil eleatorio |Envato
Antonio Montoya
Fecha de actualización:

La construcción es uno de los sectores más castigados por la falta de relevo generacional en España. Solo hay que ver el aviso de patronales y expertos, que dicen que faltan 700.000 albañiles en todo el territorio para poder seguir construyendo viviendas y que este el mercado inmobiliario no se vea afectado aún más por esta falta de profesionales. En parte esto se debe a la dureza de la profesión y a que ya muchos jóvenes no quieren dedicarse a los oficios tradicionales.

Pero como en todo, siempre hay excepciones, y hay quien prefiere incluso trabajar de peón en una obra que estar en una oficina sentado. Así es el caso de Manuel, un cordobés que cambió la comodidad de una oficina por el andamio para hacerse autónomo y acabar montando su propia empresa de reformas, según explica para el podcast ‘Sector Oficios’.

El caso de Manuel es de esos que encuentra su vocación casi de casualidad cuando realmente tenía formación y pensaba en dedicarse a otra cosa totalmente diferente. Con su título de Técnico de Administración de Empresas, llegó a trabajar en una oficina, pero se dio cuenta rápido de que eso no era lo suyo. "Aquello no era mío, vamos. Eso me di cuenta yo, a los 2, 3 meses, que tenía que volar a la obra", recuerda.

De administrativo en una oficina a peón de una obra

Llegó al sector trabajando como peón y, a base de mirar lo que hacían los demás e intentar tener su oportunidad, aprendió a trabajar en la obra como ladrillero. Con la crisis, tuvo que reinventarse y pasó al encofrado.

Con 30 años decidió hacerse autónomo y desde entonces no ha parado de trabajar. A día de hoy, cuenta con un equipo de tres personas, y está especializado en obra nueva. Manuel ha aprendido a gestionar el flujo de trabajo entre varias viviendas a la vez, aunque reconoce lo que le cuesta cobrar los trabajos algunas veces. "Es como que me obligan a mí a avanzar mucho la obra para que venga el tasador y le den esa parte del dinero", explica sobre los pagos por certificaciones, que retrasan el cobro final hasta la entrega de la obra.

De hecho, declara que no cobra “nada” por adelantado y que a él igualmente le gusta ganarse la confianza del cliente aunque este al principio no le pague. “No suelo pedir dinero antes de empezar, nada. A mí me gusta llegar, lleno la obra de material y le doy la confianza al cliente”, admite.

Aunque solo se arrepiente o corregiría la forma de trabajar en la obra, mejor dicho, el papel que desempeña. Manuel cree que debería “haber estudiado un poco más” para haberse metido como aparejador o arquitecto.