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Un médico estético advierte sobre las ofertas demasiado baratas: “Las falsificaciones han llegado a los ácidos hialurónicos”

Arturo explica a NoticiasTrabajo que compra directamente al laboratorio y defiende que un buen profesional también debe saber decir que no.

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Arturo, médico estético |NoticiasTrabajo
Fernando García Ferrer
Fecha de actualización:

La medicina estética ha crecido en los últimos años y cada vez más personas acuden a clínicas para hacerse tratamientos de labios, nariz, pómulos, neuromoduladores o ácido hialurónico. Pero ese aumento de demanda también ha traído consigo más ofertas, más competencia y, según advierten algunos profesionales, más riesgos si el tratamiento no se realiza con productos seguros y por personal cualificado.

Arturo, médico estético, insiste en que el precio no puede ser el único criterio a la hora de elegir dónde hacerse un tratamiento. Según explica a NoticiasTrabajodetrás de cada producto debe haber trazabilidad, control sanitario y garantías para el paciente, y su trabajo no se limita a aplicar el producto, sino que también incluye valoraciones, revisiones y una planificación previa.

Por eso alerta sobre las ofertas demasiado baratas y sobre el uso de materiales cuya procedencia no está clara. “Las falsificaciones de relojes, de bolsos, han llegado ya a los ácidos hialurónicos”, advierte.

Productos con lote, caducidad y seguimiento

Arturo explica que él compra directamente al laboratorio porque le ofrece más garantías de calidad y seguimiento. Cada producto llega con su albarán, número de serie, lote y fecha de caducidad, lo que permite saber exactamente qué se ha utilizado en cada paciente. Lo compara con el número de bastidor de un coche. Para él, esa trazabilidad es lo que permite garantizar que el producto es original y de calidad.

También asegura que, en su consulta, “el producto que sea que se vaya a aplicar a la paciente se abre delante de ella”, afirma. Además, explica que las etiquetas del producto se incorporan a la historia clínica, que debe conservarse durante cinco años, y que una copia se entrega también al paciente para que tenga constancia de lo que se le ha aplicado.

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Arturo enseñando sus productos

Defiende que esta forma de trabajar debería ser lo normal en el sector. Sin embargo, asegura que no siempre ocurre. “Es como se debería hacer, es como lo hago yo y es como no lo hace casi nadie”, señala a NoticiasTrabajo.

El médico también advierte de otras malas prácticas que suelen realizarse en establecimientos no especializados, como compartir viales entre pacientes o no aplicar el producto completo. En su opinión, cuando una oferta parece demasiado buena, el paciente debería preguntarse qué hay detrás. “Muchas veces se ven ofertas que son increíbles, que dices: esto no es real”, explica.

Además, añade que el problema no es solo que el resultado pueda ser peor, sino que, si aparece una complicación, el paciente puede no estar en manos de alguien preparado para resolverla.

Arturo recuerda que en medicina estética pueden existir problemas importantes, como afectación de tejido, complicaciones vasculares o incluso daños graves si el producto se aplica mal. Por eso insiste en que no se trata de un simple tratamiento de belleza, sino de un acto médico.

“Yo digo muchísimas veces que no”

Además del riesgo de los productos falsificados o de la falta de garantías, Arturo también habla de otra parte importante del trabajo del médico estético, como es saber poner límites. Según explica, hay pacientes que, al verse bien después de un tratamiento, piensan que si se ponen más producto se verán todavía mejor.

Para él, el problema aparece cuando ese deseo del paciente se cruza con un profesional que no sabe frenar. “Eso confluye con un médico con muy poca ética que no sabe decirte que no”, afirma a NoticiasTrabajo.

En su caso, asegura que rechaza tratamientos cuando considera que no son adecuados, aunque eso suponga dejar de ingresar dinero. “Yo digo muchísimas veces que no”, reconoce, y en lugar de perjudicarle, cree que esa postura genera más confianza. “El decir que no no me resta pacientes. Muchas veces me da más pacientes”, señala.

Arturo explica que, si un profesional gana dinero haciendo tratamientos y aun así recomienda no hacer algo, el paciente debería entender que hay una razón médica o estética detrás. “Obviamente yo gano dinero haciendo esto. Si yo te digo que no, por algo será”, afirma. Por eso defiende que el objetivo debe ser lograr resultados naturales y seguros, no aceptar cualquier petición.

Arturo aplicando un tratamiento a una paciente

También rechaza la idea de que un médico estético vaya mirando defectos en todas las caras. “No voy siempre activado por la calle sacando defectos”, asegura. Para él, hay rasgos que pueden no encajar en un canon estético, pero formar parte de la personalidad de una persona.

Pone como ejemplo una nariz que no sea perfecta según determinados estándares, pero que aporte identidad. “Quizá una nariz que no entra dentro del canon a esa persona le otorga personalidad”, explica.

Por eso insiste en que la medicina estética debe partir de una valoración individual y responsable. No todo lo que se puede hacer debe hacerse, y no todo lo que pide un paciente es necesariamente lo mejor para él. Para Arturo, trabajar bien implica usar productos seguros, dejar constancia de lo aplicado y, cuando hace falta, decir que no.

Este artículo forma parte de ‘Un día trabajando…’, la nueva serie de NoticiasTrabajo en YouTube en la que nos adentramos en distintas profesiones y sectores para conocer cómo es una jornada laboral desde dentro, sus condiciones y los aspectos menos conocidos de cada oficio.