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Por qué hay que mezclar agua oxigenada y bicarbonato a las juntas de los azulejos y para qué sirve

La pasta resultante limpia juntas amarilleadas, devuelve blancura a la ropa con manchas viejas y elimina olores en el cubo de basura, siempre que se prepare en concentración baja, se use al momento y nunca se guarde en bote cerrado.

Azulejos
Por qué hay que mezclar agua oxigenada y bicarbonato a las juntas de los azulejos y para qué sirve |Canva
Francisco Miralles
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El truco circula desde hace tiempo en blogs de limpieza casera y vuelve cada cierto tiempo a las redes. Funciona porque combina dos efectos complementarios. El bicarbonato de sodio es un abrasivo suave con leve poder alcalino. Frota sin rayar, neutraliza olores ácidos y ayuda a despegar restos secos de las juntas.

El agua oxigenada al 3%, la concentración que se vende en cualquier farmacia o supermercado, libera oxígeno activo al entrar en contacto con la suciedad orgánica. Ese oxígeno blanquea moho superficial, mata bacterias comunes y arrastra restos pegados sin necesidad de tallar con fuerza.

La mezcla de bicarbonato de sodio y agua oxigenada ofrece un potente efecto blanqueador para ropa blanca y superficies del hogar
La mezcla de bicarbonato de sodio y agua oxigenada ofrece un potente efecto blanqueador para ropa blanca y superficies del hogar

Juntos forman una pasta espumante que se aplica con cepillo de dientes o estropajo blando y trabaja sola durante unos minutos. La diferencia con la lejía pura es que esta mezcla no decolora plásticos ni pintura y no deja olor químico fuerte, por eso resulta cómoda en cocinas pequeñas o baños sin ventana.

Cómo se prepara y dónde se usa

La proporción habitual es dos cucharadas de bicarbonato por una de agua oxigenada al 3%, mezcladas en un cuenco hasta formar una pasta similar a un dentífrico. Se aplica con cepillo o bayeta sobre la zona a limpiar, se deja actuar entre cinco y diez minutos y se aclara con agua tibia.

Los usos donde la mezcla rinde mejor son tres.

  • Juntas amarilleadas del baño y la cocina. La pasta entra en la microporosidad del cemento y devuelve un tono claro sin necesidad de remplazar las juntas, una reforma que en un baño tipo cuesta entre 150 y 400 euros según metros y tipo de azulejo.
  • Manchas viejas de ropa blanca, sobre todo en cuellos y axilas de camisas o en sábanas amarilleadas. Se aplica directamente sobre la mancha media hora antes del lavado, se cepilla suave y se mete en la lavadora con el ciclo habitual. Funciona también en manteles con manchas de vino o café que el detergente normal ya no levanta.
  • Cubos de basura, taperware con olor persistente y tablas de cortar. Tras la limpieza con jabón normal, una pasada de pasta y aclarado eliminan moléculas que el lavado convencional deja atrás. Útil en cocinas de quienes meten táper al trabajo y quieren que el recipiente quede sin restos antes de la siguiente comida.

Tres reglas que evitan accidentes y daños

Aquí está el matiz que casi nadie cuenta y que distingue al truco bien usado del peligroso.

  • Nunca mezclar con lejía ni con amoníaco. La combinación con lejía libera cloramina, un gas irritante que daña vías respiratorias, mucosas y ojos en pocos segundos. La mezcla con amoníaco produce reacciones igualmente peligrosas. Si en la misma sesión de limpieza se usan ambos productos, hay que aclarar muy bien la superficie con agua entre uno y otro y ventilar la estancia.
  • Solo agua oxigenada al 3%. Las concentraciones más altas, del 10% o el 30% que se venden para usos industriales o de peluquería, son corrosivas sobre piel y mucosas. Para limpieza doméstica, la del botiquín basta y sobra.
  • Preparar al momento y no guardar en bote cerrado. La mezcla libera oxígeno de forma continua. Si se almacena en un envase hermético, la presión sube y el bote puede reventar al abrirlo. Lo correcto es preparar la cantidad justa para una sesión, usarla en el momento y desechar el resto.

A esas tres reglas conviene añadir una cuarta menor pero práctica. No usar sobre mármol, granito o madera natural sin tratar, porque el bicarbonato deja marcas mate y la humedad oscurece la veta. Tampoco sobre textiles delicados o de color, donde el agua oxigenada puede aclarar zonas localizadas.

Para limpiezas de mantenimiento del baño una vez al mes o un repaso a la cocina al hacer cambio de fiambrera, el truco es barato, eficaz y casi sin huella química. No sustituye a un desinfectante registrado en situaciones que lo requieren, una gastroenteritis en casa o convivencia con alguien inmunodeprimido, pero sí cubre el día a día sin cargar el armario de productos.

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