Una mujer de 84 años ha necesitado ponerse a trabajar en el negocio de su hijo para salir adelante, concretamente en un bufete de abogados en el que está empleada a media jornada. Aún así, ella se siente afortunada de trabajar con su hijo. “Hice sacrificios por él, y ahora él me está ayudando”, admite. No es la primera vez que un jubilado tiene que volver a trabajar para sustentarse, porque no le da la pensión u otros motivos.
Linda Kemp es la persona encargada del correo en el bufete de abogados de su hijo, en Florida (Estados Unidos). Gracias a este trabajo puede mantenerse al día con sus facturas y agradece a su hijo la oportunidad de tener un empleo. Ella vive por debajo del umbral de la pobreza y depende de la Seguridad Social y de la ayuda de su hijo para salir adelante, básicamente, tal y como asegura en una entrevista concedida a Business Insider.
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La mujer declara estar adaptándose a su nuevo barrio, ya que tuvo que mudarse para estar más cerca de su hijo.
Durante muchos años, su vida giró casi por completo en torno a su familia. “La mayor parte de mi vida me he dedicado al cuidado de mis hijos. He tenido siete hijos, y ahora viven en distintos lugares del mundo”. Hoy, su familia está repartida entre Australia, California, Hawái, Ohio y Florida, algo que refleja cómo han cambiado las cosas con el tiempo. También recuerda que “en mi primer matrimonio tuve cuatro hijos, y en el segundo (que fue una unión de hecho) tuve tres”.
Con su segunda pareja llegó a construir un hogar desde cero, pero la separación lo cambió todo. “Con mi segundo marido, construimos una casa. Cuando nos separamos, me asusté un poco”. Hasta entonces, él se encargaba de los gastos y ella apenas tenía ingresos propios más allá de algunas obras de arte. “Mi esposo pagaba todas las cuentas y me daba dinero para la compra. Yo no era la principal proveedora del hogar”.
Aun así, supo salir adelante. Vendió la casa que habían construido y empezó a moverse en el mundo inmobiliario casi sin darse cuenta. Fue comprando, vendiendo y reinvirtiendo, y poco a poco logró estabilidad. “Invertí y reinvertí en propiedades, y cada vez que lo hacía, ganaba más dinero”. Con el tiempo, pudo permitirse una vida cómoda, aunque sin grandes lujos, algo que nunca le preocupó demasiado.
Nunca corrió detrás del dinero
Tiene muy clara su forma de ver la vida. “La gente siempre discute por dinero. Es la perdición del hombre. Olvídate del dinero y sé feliz”. Esa filosofía la ha acompañado siempre, incluso cuando decidió retomar los estudios ya de adulta. Se formó en diseño gráfico, aprendió informática y acabó trabajando en ese sector durante años. “Siempre he sido artista”, explica, dejando claro que esa vocación nunca la ha abandonado.
Su estilo de vida ha sido sencillo y bastante austero, también por convicción. Se define como ecologista y ha intentado reducir su impacto en el entorno todo lo posible. Llegó a vivir en una casa rodeada de terreno con árboles frutales, aunque con el paso del tiempo el mantenimiento se le hizo demasiado complicado y decidió venderla.
Durante su jubilación se mantuvo muy activa. Presidió el Sierra Club en su zona, participó en proyectos comunitarios y disfrutó de actividades como el kayak con amigos. Era una etapa tranquila, con una rutina sencilla y sin grandes gastos, pero muy satisfactoria.
Un nuevo comienzo a los 84 años
Hace apenas unas semanas dio un giro importante a su vida. “Me mudé a una casa cerca de Jacksonville hace apenas unas semanas”. Es una zona diferente, más urbanizada y en pleno crecimiento, donde todavía se está adaptando. Reconoce que “es un periodo de transición y todavía no me siento del todo a gusto aquí”.
El cambio tiene mucho que ver con su hijo, que es abogado. Él y su esposa le propusieron hace unos años ayudar en su despacho con tareas sencillas. “Hace unos cinco años me preguntó si quería trabajar para él repartiendo el correo”. Lo que parecía algo puntual se ha convertido en una rutina que le mantiene activa.
Cada mañana recibe información de arrestos y se encarga de enviar cartas a los detenidos ofreciendo los servicios del despacho. “Les envío a todos una carta que mi hijo redactó preguntándoles si necesitan un abogado”. Es un trabajo manual y constante, pero que le da un propósito diario.
Una rutina sencilla que la mantiene activa
Aunque está jubilada, dedica unas 20 horas semanales a esta tarea. Los lunes son los días más intensos y el resto de la semana el ritmo es más relajado. “Probablemente lo haría gratis si me lo pidiera, porque lo disfruto”. Más allá del dinero, valora lo que le aporta a nivel personal.
Actualmente vive en una casa que pertenece a su hijo, lo que le permite reducir gastos. “No pago alquiler en esta casa, ya que pertenece a mi hijo”. Sus ingresos vienen de la Seguridad Social y de lo que él le paga, lo que la sitúa en una situación económica ajustada. “Vivo por debajo del nivel de pobreza”.
Aun así, la relación familiar compensa todo. Su hijo solo le pidió una cosa a cambio: ayudar con los nietos de vez en cuando. Ella, entre risas, respondió: “¿Una vez al mes? ¿Por qué no salen una vez a la semana?”.
Bajando el ritmo, pero sin parar
A sus 84 años, nota que la energía ya no es la misma. “Estoy bajando el ritmo y ya no tengo toda la energía que solía tener”. Hace poco sufrió una lesión en la muñeca, aunque en general goza de buena salud. Sigue las indicaciones médicas y mantiene una actitud bastante práctica ante el paso del tiempo.
Se siente bien consigo misma y no pierde el sentido del humor. “Cuando les digo cuántos años tengo, creen que tengo 60”. Además, tiene claro que aún le queda camino por delante, inspirada también por la longevidad de su madre.
De cara al futuro, no tiene un plan cerrado. Quiere tomarse las cosas con calma y decidir qué hacer más adelante. Le gustaría seguir creando, explorar su faceta artística o incluso emprender algo por su cuenta si todavía tiene energía.
Lo resume de una forma muy sencilla, pero bastante reveladora. “Es como empezar de cero. Me siento como si acabara de graduarme de la universidad”.