El 8 de enero de 2017, en una conferencia organizada en la Universidad de Cambridge para celebrar su 75 cumpleaños, Stephen Hawking dejó esta frase como cierre de un repaso por su carrera.
Era la versión ampliada de un mensaje que ya había lanzado un año antes en sus BBC Reith Lectures de 2016, y que tenía en la cabeza desde mucho antes de necesitar un sintetizador de voz para pronunciarlo.
El horizonte que Hawking veía
Cuando dijo esta frase, Hawking llevaba 54 años conviviendo con esclerosis lateral amiotrófica. Había sobrevivido más de medio siglo a una enfermedad cuya esperanza de vida tras el diagnóstico era de dos años.
Su trabajo sobre la radiación de los agujeros negros, la singularidad inicial del universo y los límites del espacio-tiempo había transformado la cosmología teórica desde una silla de ruedas, y la frase resume su idea de que la curiosidad no es un lujo, es un motor evolutivo.
La cita aparece en un contexto muy concreto. Hawking había dedicado los últimos años de su vida a defender que la humanidad necesita salir de la Tierra para sobrevivir, y en 2016 había lanzado junto al inversor Yuri Milner el proyecto Breakthrough Starshot, una iniciativa para enviar nanosondas hacia el sistema Alfa Centauri a un quinto de la velocidad de la luz.
Mirar las estrellas era una acción y no una metáfora, como muchos creían. En la misma conferencia repitió otra advertencia que le obsesionaba en sus últimos años: la especie humana, decía, tiene una ventana de aproximadamente cien años para convertirse en una civilización multiplanetaria, antes de que cambio climático, conflicto nuclear o pandemias artificiales acaben con la base biológica que la sostiene. La invitación a alzar la vista incluía esta lectura.
Lo que la ciencia ha confirmado desde entonces
En los nueve años desde aquellas declaraciones, varias de las áreas que Hawking señalaba han producido resultados directos. El telescopio espacial James Webb, lanzado en diciembre de 2021, ha empezado a observar galaxias formadas apenas 300 millones de años después del Big Bang, una ventana al universo primitivo que Hawking modelizó teóricamente sin llegar a verla.
La detección directa de ondas gravitacionales por el observatorio LIGO en 2015 confirmó otra predicción asociada a su trabajo. La primera fotografía de un agujero negro, publicada en 2019 por la colaboración Event Horizon Telescope, mostró la sombra del agujero supermasivo en el centro de la galaxia M87, validando los marcos teóricos en los que Hawking había trabajado durante décadas.
El programa Artemis de la NASA, las misiones de retorno de muestras desde Marte y los planes públicos y privados de exploración lunar siguen abiertos, con dificultades técnicas y de financiación, pero activos. Hawking no llegó a ver si su pronóstico se confirmaba.
La ciencia que vino después le ha dado parte de la razón y ha discutido otra parte. Lo que sí sigue intacto es la pregunta de fondo, qué hace falta para que una civilización entera mantenga la mirada arriba durante el tiempo necesario.