La edad es un grado. Y, pese a ello, son muchas las personas que tienen miedo a envejecer. Contra este miedo encontramos el testimonio de una jubilada que, a sus 73 años, asegura ser más feliz que nunca. Madre y abuela, se ha despedido del ajetreo del trabajo, de lo dificil que es conciliar, y ahora simplemente vive sus días. Lejos de las exigencias de los propósitos o el éxito.
“Me siento en paz, mucho más que antes. He puesto en el centro de mis días placeres muy sencillos: mi café en el banco del jardín, un paseo sin rumbo fijo, a veces simplemente observar a los pájaros. Ya no tengo esa necesidad de demostrar nada. Mi felicidad, ahora, reside en esos pequeños momentos cotidianos. Son suficientes. Es extraño decirlo, pero he dejado de esperar acontecimientos extraordinarios”, confiesa en una entrevista para ‘MyJugaad’.
Ese cambio de mentalidad no se produjo de la noche a la mañana, sino que fue poco a poco. En este sentido, asegura que, dentro de ella, siempre había una voz que cada día le reprochaba qué había hecho de utilidad hoy. Así, explica que tuvo que aprender a aceptar ese sentimiento para que desapareciera: “Ahí fue cuando llegó la paz. Dejé de hacer la auditoría, como se suele decir. Eso no significa permanecer inactiva, solo vivir sin tener que justificarse constantemente”.
El verdadero punto de inflexión llegó cuando dejó de convertir cada pausa en un objetivo. Ahora hace las cosas porque simplemente las disfruta: “Ya no son tareas que hay que tachar de una lista. Puedo pasar una hora contemplando el viento entre los árboles, y eso me llena tanto como haber llevado a cabo un proyecto”.
“Ya no nos agobiamos con relaciones que cansan o no aportan nada”
Esta jubilada tampoco teme a la soledad. De hecho, es más selectiva con sus relaciones: “Prefiero unos pocos vínculos fuertes a muchos conocidos”. En su caso, pasa tiempo con sus hijos, sus nietas y su amiga de toda la vida. “Cuanto más envejecemos, más valoramos esos momentos; ya no nos agobiamos con relaciones que cansan o no aportan nada”.
Otro punto importante que destaca para alcanzar el bienestar es la autonomía. Para ello, ha tenido que adaptar su cuarto de baño y aceptar que, para algunas tareas, necesita ayuda. “Se necesita valor para pedir ayuda, pero el resultado es más tranquilidad y más tiempo para dedicarme a lo que me gusta. La seguridad en el día a día me da respiro y deja espacio para todo lo demás”, explica.
“Deja un poco de lado los objetivos, atrévete a saborear la simple existencia sin esperar nada más”
En la entrevista al citado medio, termina con un consejo para todas aquellas personas que tienen miedo a la vejez, aunque realmente puede extrapolarse a todas: “ ¡Deja de creer que cada día tiene que estar justificado! Nunca hubiera imaginado ser más feliz a esta edad, simplemente porque he aprendido a conformarme con lo que tengo. Deja un poco de lado los objetivos, atrévete a saborear la simple existencia sin esperar nada más”.
Su felicidad, concluye, creció “el día que dejé de pensar que tenía que merecerla”.