En España, uno de los mayores debates es el de las bajas laborales. Los sindicatos llevan tiempo denunciando que se tachen de absentismo, manifestando que es una confusión “deliberada” de las patronales con la que no se pone el foco en lo que de verdad importa: prevenir las enfermedades que provocan esas bajas, respetar las jornadas y reforzar el sistema sanitario.
Así lo cree también la abogada laboralista Virginia López Bello, quien a través de sus redes sociales ha contestado a un empresario que aseguró que “el mayor destructor de empleo” son “las bajaciones”, en referencia a “toda esta gente que se aprovecha del sistema para colocar una baja.
“Contratar se está volviendo en un problema que al final solo lo va a pagar el consumidor, pagando los precios más altos porque hay que meterlo en los costes, y los empleados, que cada vez se van a contratar menos”, aseguraba este. Un discurso frente al que la abogada ha contestado contundente: “el problema no son las bajas, el problema es cómo se trata muchas veces a muchos trabajadores”.
La precariedad laboral, el problema a resolver
López Bello explica que lleva años viendo conflictos laborales y siempre se repite un mismo patrón: nadie explota de un día para otro. Sino que esa baja, ese no poder más, se ha ido cultivando durante meses e incluso años.
“Antes ha habido meses, incluso años, de salarios que apenas permiten vivir, de cambios de turno, impuestos sin negociación, de modificaciones unilaterales de las condiciones de trabajo, de horas extraordinarias que no se pagan y se exigen como obligatorias, de retrasos o descuentos injustificados en la nómina, de presión constante, de amenazas veladas y una sensación permanente de injusticia y explotación”, manifiesta.
La abogada insiste en que es esta situación de precariedad laboral la que provoca que el trabajador acabe iniciando una incapacidad temporal: “lo que ocurre es que la relación laboral llevaba mucho tiempo deteriorándose hasta hacerse insostenible. El conflicto simplemente hace visible un daño que ya existía”.
Lo más grave, para ella, es que la ley obliga a las empresas a evaluar y prevenir los riesgos psicosociales (algo que se va a potenciar aun más si sale adelante el anteproyecto para la reforma de la ley de prevención de riesgos laborales).
“No es un capricho, es una obligación legal. Sin embargo, demasiadas empresas convierten esa evaluación en un mero trámite administrativo que acaba olvidado en un cajón, mientras el estrés, la ansiedad, la presión y el desgaste emocional siguen creciendo”, denuncia.
En este sentido, afirma estar convencida de que las empresas que respetan a sus trabajadores, “pagan correctamente” y cumplen con la prevención de riesgos, tienen un nivel de absentismo muy inferior “a aquellas donde predomina el abuso, la improvisación y el desprecio por los derechos laborales”.
“Es muy cómodo culpar al trabajador enfermo. Mucho más incómodo es preguntarse cuántas de esas bajas podrían haberse evitado si la empresa hubiera cumplido con la ley y hubiera tratado a las personas con la dignidad que se merecen. Esa es la conversación que algunos prefieren no tener”, concluye, en la línea con lo que defienden sindicatos como CCOO y UGT.

