Desde hace años, Bill Gates aparece en sus entrevistas con una frase que se ha convertido casi en una marca personal. No tiene problema en reconocer cuando un proyecto puede salir bien o mal y en seguir adelante sin pretender controlar el desenlace. Esa actitud no es indiferente, sino que se trata de una de las fortalezas mentales menos cultivadas y más predictivas del éxito a largo plazo, según la psicología.
La psicología ha estudiado a fondo la resiliencia (la capacidad de recuperarse tras un golpe) y la determinación (mantener un objetivo durante años). Ambas tienen miles de páginas escritas. Pero hay una tercera capacidad, menos vistosa, que aparece de forma recurrente en los perfiles de altos ejecutivos, científicos y emprendedores con trayectorias largas. Es la tolerancia a la incertidumbre.
Quien la tiene no se paraliza ante decisiones sin información completa. Asume que el resultado puede no llegar como espera y avanza igualmente. La diferencia con el resto, según las investigaciones sobre tolerancia a la ambigüedad recopiladas por la American Psychological Association, no está en la inteligencia ni en la información disponible. Está en la respuesta emocional a la falta de control.
Más detalles
El perfil que destaca por esta capacidad comparte tres rasgos identificables. El primero es separar lo que depende de uno de lo que no. Quien acepta la incertidumbre no se obsesiona con variables externas, las nombra y las pone aparte. El segundo, decidir con información parcial sin sentirse irresponsable. La mayoría de las personas pospone elecciones difíciles esperando datos definitivos que casi nunca llegan.
El tercero, y el más curioso, es una relación distinta con el error. Quien tolera la incertidumbre no vive cada fallo como un golpe a la autoestima, sino como un dato más para ajustar la siguiente decisión. Bill Gates lo ha verbalizado en varias ocasiones. En sus apariciones públicas suele admitir errores estratégicos sin defenderse, algo poco habitual en directivos del mismo nivel.
La importancia del entrenamiento
Esta capacidad, según la psicología, no es innata. Se entrena. La terapia cognitiva conductual la trabaja desde hace décadas con técnicas concretas como la exposición controlada a contextos ambiguos y el registro escrito de decisiones tomadas con información parcial. La sociedad actual, sin embargo, hace lo contrario. Premia la previsibilidad, multiplica los datos disponibles y refuerza la idea de que toda incertidumbre es un fallo del sistema.
Quizá por eso, según la psicología contemporánea, la tolerancia a la incertidumbre se ha convertido en una fortaleza mental cada vez más rara. Y, también, en una de las más decisivas para quien quiera tomar decisiones realmente importantes en la próxima década.