¿Alguna vez ha sentido una pequeña satisfacción cuando a alguien que se ha portado mal las cosas le salen al revés? Este sentimiento tiene un nombre técnico en psicología, Schadenfreude (la alegría por el mal ajeno).
Aunque socialmente está mal visto y solemos ocultarlo por vergüenza, la ciencia tiene una buena noticia: alegrarse de que a alguien lo pillen por cometer una injusticia no le convierte en una mala persona. De hecho, su cerebro solo está buscando restablecer el equilibrio y la justicia dentro del grupo.
El cerebro premia la justicia
Varios estudios publicados en revistas científicas de prestigio, como Nature o The Journal of Neuroscience, explican que la moralidad no funciona en términos absolutos de "buenos y malos". Los investigadores han analizado qué pasa dentro de nuestra cabeza cuando alguien que se salta las normas recibe un castigo o sufre un problema.
Los escáneres cerebrales muestran que, en ese momento exacto, se encienden las zonas asociadas al placer y la recompensa, como el estriado dorsal y el núcleo accumbens. Es decir, el cerebro libera dopamina de forma natural. Los científicos llaman a esto "aversión a la inequidad": el ser humano odia la desigualdad por naturaleza y siente satisfacción cuando el egoísta o aquel que hace trampa pierde la ventaja que había conseguido.
No es un defecto moral, es evolución
Desde el punto de vista de la evolución, este mecanismo ha sido fundamental para la supervivencia de nuestra especie. Si las personas que juegan sucio ganaran siempre, la humanidad habría fracasado hace miles de años y no habríamos aprendido a vivir en sociedad.
Por eso, el cerebro procesa la desgracia del "aprovechado" como una corrección del sistema. Se trata de una señal química que nos avisa de que las reglas del juego vuelven a ser iguales para todos.
Cuándo te justifica la ciencia y cuándo no
La psicología divide la alegría por el mal ajeno en tres tipos muy claros según lo que nos motive a sentirla:
- El cerebro te justifica: Es decir; si te alegras de que hayan multado a un conductor que lo hizo mal o de alguna otra injusticia, tu cerebro actúa justo por esto, porque quiere justicia.
- El cerebro no te justifica: Ocurre cuando te alegras de que a alguien le vaya mal simplemente para sentirte superior o porque te da rabia su éxito y esto ya no se justifica por el equilibrio que pide tu cerebro, sino por otros problemas de comparación o baja autoestima.
- La identidad de grupo: Es la alegría que se siente por rivalidades colectivas. El ejemplo más claro es el fútbol o la política: alegrarse de que el equipo rival pierda la final de la Champions o de que el partido contrario sufra un revés, simplemente por el hecho de pertenecer a "bandos" diferentes.