Antonio (37), profesor, vive en una caravana porque no puede pagar un piso: "Cobro 1.900 euros y me piden 50.000 euros de entrada mínimo"

Este docente cuenta cómo tiene que vivir en una furgoneta para ahorrar dinero y estar cerca del colegio donde trabaja.

Antonio (37), profesor, vive en una caravana porque no puede pagar un piso: "Cobro 1.900 euros y me piden 50.000 euros de entrada mínimo" |El Intermedio, laSexta
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Solamente observando que el precio de la vivienda no para de subir resulta fácil entender que muchos trabajadores tengan que buscar alternativas de todo tipo para no emplear todo su sueldo en alquileres abusivos o hipotecas difícilmente pagables. 

Es el caso de Antonio Doménech, un profesor de 37 años que, ante la imposibilidad de acceder al mercado de la vivienda tradicional, decide convertir una autocaravana en su hogar habitual para sobrevivir económicamente en la Comunidad de Madrid, tal y como ha contado en una entrevista para el programa El Intermedio, de laSexta.

La barrera de los 50.000 euros de entrada

Tal y como explica el docente, llegó a la decisión de vivir en una caravana tras aprobar sus oposiciones y pensarlo mucho. "Estaba compartiendo piso desde los 20 años y a los 31 años ya decidí que me quería independizar porque no aguantaba compartir con gente", dice las cámaras. Al ver que el sistema público lo manda a cualquier centro escolar de la región, ve la oportunidad perfecta para dar un giro a su rutina. "Me podían mandar por toda la Comunidad de Madrid como interino y dije: pues aprovecho, me independizo, que me lo puedo permitir y aparco al lado del cole", afirma con total seguridad.

Sin embargo, cuando el joven funcionario se plantea la opción de comprar un piso convencional y acude a los bancos, la dura realidad tras ver “los precios y las condiciones” le hace cambiar de planes. Para que el público entienda el nivel de exigencia financiera, detalla sus números exactos: "Yo cobro 1.800 o 1.900 euros y a lo mejor estoy mirando pisos de 220.000 euros y me han pedido 50.000 euros de entrada mínimo".

Además, si intenta pedir un crédito personal para cubrir lo que le pedían de entrada, las cuentas siguen sin cuadrarle de ninguna manera, ya que "el préstamo más la hipoteca a 30 años me saldría a 1.400, 1.500 euros al mes por 30 años y el préstamo se pagaría en 10 años". Por otro lado, descarta de inmediato seguir engordando la cuenta bancaria de un casero, confesando que "ya perdí demasiado dinero en el alquiler estos años en Madrid".

Una vida libre de gastos y prejuicios

Entonces, frente a este panorama, se pone a preparar su vehículo por completo para hacerlo cien por cien habitable y reducir sus gastos a la mínima expresión. "Tengo las bombonas de propano que suelo gastar una cada 20 días y cuesta unos 17 euros y poco más, a no ser que me mueva por Madrid y visite cosas, pues la gasolina", enumera. A esto le suma una independencia total de suministros, ya que "el agua es gratis y la electricidad tengo dos placas solares que alimentan dos baterías y me sobra con eso".

El hecho de que su casa se pueda transportar le da una ventaja competitiva en su trabajo que no todos los funcionarios que están empezando tienen. "Yo al final he quedado en colegios que nadie quería, por ejemplo, ir a La Cabrera son 2 horas y media de autobús", detalla el maestro. Mientras otros sufren los atascos madrileños, él disfruta de una tranquilidad absoluta además de evitar pagar los precios de Madrid, donde la burbuja inmobiliaria ha explotado más que en otras partes de España. "Yo conozco compañeros míos del colegio que actualmente tardan una hora y media en hacerse 10 kilómetros, yo salgo a mi hora, voy con el patinete, andando y llego puntual", recalca con satisfacción.

A él las críticas de aquellos que no comprenden su forma de vida le dan igual. "Alguien podía pensar que 7 metros cuadrados menudo fracaso o qué mal o, me han dicho incluso, que menuda chabola", admite el joven. Lejos de dejarse afectar, él explica que ha tenido el lujo de decorar su hogar como él mismo quería: "Yo lo he hecho todo a mi gusto y me lo tengo que tomar con optimismo porque al final es mi día a día y estoy contento porque de nada me vale arrepentirme todos los días o ser pesimista". Todo ello, asegurando con orgullo que "el hogar está donde aparcas" y confirmando que "también estoy ahorrando para en un futuro, a lo mejor, poder acceder a una vivienda".

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