No todos los trabajadores son iguales. Y no hablamos solo de profesiones, sino de habilidades, actitud y forma de ser. Atendiendo a esto último, la orientadora laboral Verónica, al frente de ‘AntiBurnout Lab’, ha explicado los cuatro tipos de empleado que podemos encontrar en cualquier empresa atendiendo a dos valores.
El primero de ellos es el “más conveniente” para las compañías, y es el que “tiene alta inteligencia y baja confianza en sí mismo”. La razón, según la experta, es que “produce trabajo de altísima calidad”, pero también asume cargas que no le corresponden. “No pide lo que merece, revisa 10 veces su trabajo, atribuye sus aciertos y sus logros a la suerte y sus errores los atribuye a un defecto personal suyo”, detalla.
Esta baja autoestima, aunque beneficie a la empresa, supone un claro perjuicio para el empleado, ya que permite a esta pagarle por debajo de su valor de mercado durante años “sin que diga ni mu” y, encima, “entregando probablemente por encima de lo que se le pide. No negocia, no incomoda y no se va. Es perfecto”.
El segundo trabajador es el de la alta inteligencia, alta confianza. Un perfil que, en teoría, quieren todas las empresas pero que muchas no saben gestionar. “Resuelve problemas complejos, tiene criterio propio y lo usa. Propone, discrepa, pide aumentos cuando tiene que pedirlos…”, explica Verónica. Esta también advierte de que son los primeros en irse: “No porque sean problemáticos, sino porque son los que más valoran su perfil y por tanto tienen más opciones fuera y menos paciencia para la teatralidad corporativa. Saben lo que valen”.
El tercer perfil, siguiendo los mismos parámetros, es el de baja inteligencia y alta confianza. “Toma decisiones tal vez demasiado rápido y las defiende con tal vez demasiada seguridad”, describe la orientadora, señalando que no suele tomarse bien las críticas, aunque sean constructivas. Pese a ello, indica que en muchas corporaciones se confunde “esta confianza de teatrillo” con competencia, premiando sistemáticamente este tipo de perfiles.
“De ahí sale muchas veces buena parte del management mediocre que acaba definiendo la experiencia”, apostilla.
En último lugar, está el trabajador de baja inteligencia y baja confianza, que actúa como un mero ejecutor. “No propone, no discute, pero hace lo que se le indica”, señala, indicando que, aunque se podría decir que es el “menos valioso”, es también el menos costoso. Gracias a esto, en muchos contextos es “el que mejor sobrevive a reorganizaciones de la empresa porque no representa una amenaza para nadie, hace su trabajo y punto”.
Como reflexión final, para aquellos trabajadores con baja confianza pero alta inteligencia, manda un ejercicio: “pregúntate cuánto más tiempo estás dispuesto a financiar una estructura que se beneficia de que dudes de ti mismo”, advirtiendo de la importancia de saber definirse como profesional y saber qué se necesita.

