Trabajar en un supermercado de cara al público, como cajero o reponedor, está expuesto a miles de comentarios de los clientes. En muchas ocasiones no son amables y hacen referencia a los bajos sueldos, a los pequeños fallos o a la cualificación de estos empleados. Hay que recordar que para muchos de estos puestos piden tener terminada la ESO (Educación Secundaria Obligatoria).
En el medio ‘Marie France’, varios trabajadores de supermercados cuentan cómo hay frases que se repiten más de lo que quisieran. Es el caso de “si no se escanea es gratis” que hace referencia a posibles errores en el cobro “y se escucha varias veces a lo largo del día”. De este modo, lo que el cliente considera “gracioso” genera una situación “incómoda”.
Según el estudio Digital 2024 citado por este medio, hay más de 5.000 millones de personas registradas en las redes sociales, lo que supone que el 63,2% de la población mundial usan Facebook, X, Instagram o TikTok. Estas plataformas se han convertido en el escaparate perfecto para realizar ciertas denuncias, entre ellas las que tienen que ver con el ámbito laboral.
“¿Está cerrada?”, una pregunta que no debe hacerse
Una de las preguntas más frecuentes, sobre todo cuando se aproxima la hora de cierre es “¿está cerrada la caja?” Y aunque parezca mentira, también se da en las zonas de autopago. Precisamente allí suelen llamar a la persona que está de apoyo entre estas cajas, a la que preguntan “me dice que retire la tarjeta, ¿ahora qué hago?” Una pregunta ante la que no cabe otra cosa que “pues la retira”.
A veces, denuncia la cajera, han intentado flirtear con ella. “Me llevo el recibo y también quisiera llevarme su teléfono”, reconoce que le han dicho. “Déjame decirte que eso nunca ha funcionado”, escribió la cajera en sus redes sociales.
Otra de las situaciones más comprometidas es cuando un cliente dice no encontrar el precio en el producto. “Si no está, es porque es gratis y me lo puedo llevar” o “si uno de los dos productos es gratis, ¿puedo dejar uno y llevarme el otro?”.
“Estudia y no serás cajera como ella”
Lejos de estas anécdotas, están los comentarios ofensivos. Como el de una madre a su hija, “mira, si no quieres terminar siendo cajera y pedir permiso para ir al baño, mejor ponte a estudiar”. Ante esto, están obligadas a mantener la compostura ya que son momentos en los que se podría hablar de falta de respeto.
Estos trabajadores son conscientes de ser el escaparate, la cara visible entre los clientes y la empresa, por lo que a menudo deben aguantar las “quejas, dudas y las frustraciones”, ante las que no pueden hacer nada.

