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Farley (65 años) habla claro sobre la jubilación: “te da una libertad que es aterradora y emocionante al mismo tiempo”

La jubilación, para muchos sénior, deja de ser el descanso soñado: tener tanto tiempo libre y perder la rutina laboral les lleva a una crisis de identidad.

Un jubilado mayor mirando al lado con una taza
Farley (65 años) habla claro sobre la jubilación: “te da una libertad que es aterradora y emocionante al mismo tiempo” |Archivo
Berta F. Quintanilla
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Un jubilado de 65 años llamado Farley reconoce que cuando le llegó el momento de dejar de trabajar, sintió una sensación de alivio. Comenzar a cobrar su pensión de jubilación y poder dedicarse a sus aficiones era el plan que había deseado durante toda su vida laboral. Trabajó durante más de 30 años en una empresa de seguros y ahora está afrontando una crisis de identidad, como ha contado en un blog para Expert Editor.

La jubilación da una libertad que es aterradora y emocionante al mismo tiempo”, resume. Este cambio es como “colocarse al borde de una piscina en la que te has bañado durante décadas de años pero ahora no recuerdas cómo nadar”. Aparte de los seguros, ha estado en más empresas. Cuenta con más de 35 años cotizados a la Seguridad Social americana, de los que recuerda muy buenos momentos, en sus empresas y con sus compañeros. 

“Pierdes tu identidad, no te das cuenta de que en ese momento no hablas de quién soy, sino de qué hago y cuando desaparece esta referencia surge la duda”, señala en el blog. “Se rompe la identidad que te unía con tu trabajo y ese es uno de los principales retos para la jubilación”.

“Me despertaba a las 5:45 y pensaba, ¿ahora qué?”

Los primeros meses seguía despertándose a la misma hora que cuando iba a trabajar. “Eran las 5:45 y me despertaba sin tener que poner ninguna alarma”. Aunque no tenía ya obligaciones laborales, la rutina seguía. Cuando estaba trabajando, pensaba que en el momento de dejarlo, no sentirse atado sería un alivio.

“Cuando me jubilé pensaba que era como el paraíso, pero no era eso, sino una caída libre”. Además, empezó a sentirse mal, una especie de agotamiento mental. “Cuando tienes más tiempo, y las tardes libres, empiezas a pensar y le das vueltas a todas las cosas que perdistes por estar trabajando, como las funciones escolares de los niños que siempre coincidían con alguna reunión”.

Y es entonces cuando se dio cuenta de que necesitaba cubrir esos tiempos en los que la cabeza no dejaba de dar vueltas. “Empecé a escribir porque no pretendía llenar el tiempo, sino crearlo”.

“Cuando trabajas, creas un escudo contra la vulnerabilidad”

El tiempo en que se está trabajando, es de estar ocupado. Luego, cuando se llega a la jubilación, se entiende cómo el trabajo era un “escudo” que le protegía ante “la vulnerabilidad de intentar algo nuevo, y ahora tengo completa libertad para perseguir cualquier interés, pero me doy cuenta de que no sé qué quiero y es aterrador”.

Además de la escritura, se ha apuntado a clases de acuarela donde ha descubierto que “soy terriblemente malo pero lo interpreto de una manera diferente, no me frustro sino que entiendo que es parte del proceso y que no pasa nada por no saber”.

“Aunque pensaba que la jubilación era descanso, ahora me doy cuenta de que ha sido una resurrección no es un cambio profundo sino pequeñas decisiones diarias en las que estoy aprendiendo a conocerme a mí mismo. Nunca he sido completamente yo”.