Alba Guijarro, psicóloga: "Si no recuerdas gran parte de tu infancia no es mala memoria, es que tu sistema nervioso bloqueó experiencias emocionales difíciles para protegerte"

La especialista explica que los huecos en la memoria infantil suelen tener una causa concreta y que reconocerla es el primer paso para ordenar la vida adulta sin sentirse incompleto.

Alba Guijarro, psicóloga: "Si no recuerdas gran parte de tu infancia no es mala memoria, es que tu sistema nervioso bloqueó experiencias emocionales difíciles para protegerte" |@talcualtia
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Cuando una persona habla de su infancia, siempre recuerda algunos episodios, algunas casas en las que vivió, caras que ha visto… pero hay tramos que quedan completamente en blanco. Quizás sean los compañeros del colegio, una etapa entera con un familiar o los veranos antes de los 10 años.

La psicóloga Alba Guijarro lo escucha en consulta de forma habitual y advierte de que esa amnesia parcial rara vez se debe a un problema de memoria.

"Si no recuerdas gran parte de tu infancia no es mala memoria, es que tu sistema nervioso bloqueó experiencias emocionales difíciles para protegerte", afirma la experta. La explicación se ancla en cómo el cerebro humano gestiona las emociones que superan su capacidad de procesarlas en el momento en que ocurren.

El cerebro de un niño no archiva igual que el de un adulto

Guijarro recuerda que durante los primeros años de vida el sistema nervioso todavía está construyendo las conexiones que permiten integrar emociones intensas con memoria narrativa. Si un niño vive episodios que su cerebro aún no puede procesar, el contenido emocional se guarda en una zona distinta a la del relato. Eso explica que algunos adultos puedan no recordar escenas concretas pero sí reaccionar con angustia ante ciertos olores, espacios o frases que las activan.

La psicóloga matiza que no toda laguna infantil indica trauma. Es normal recordar poco antes de los cuatro años por la simple inmadurez del hipocampo, la región cerebral responsable de la memoria autobiográfica.

Pero cuando los huecos se concentran en una etapa determinada de la primera infancia o de la preadolescencia, y cuando coinciden con cambios bruscos, mudanzas, separaciones o pérdidas, conviene mirarlos con más atención.

Lo que la psicología propone hacer con esos huecos

Lo que Guijarro describe no consiste en recuperar a toda costa los recuerdos perdidos. Forzar esa recuperación, advierte, puede dañar más que ayudar. El trabajo terapéutico se centra en escuchar qué emociones, sensaciones corporales o reacciones aparecen al entrar en territorios cercanos a la zona en blanco. A partir de ahí se construye un relato adulto que da sentido a esas reacciones aunque la imagen completa no vuelva.

La psicóloga insiste en otra idea importante. Tener huecos en la memoria infantil no convierte automáticamente a una persona en víctima de algo grave. Lo que indica es que el sistema nervioso, en su momento, hizo lo que tenía que hacer para que el adulto que sería pudiera seguir funcionando.


En consulta, Guijarro trabaja con técnicas que combinan psicoterapia integradora y herramientas centradas en el cuerpo, donde quedan archivadas muchas de esas memorias no narrativas.

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