En la pandemia, miles de empresas en todo el mundo decidieron instaurar el teletrabajo para continuar con su actividad. Una medida que, estos años, muchas de ellas han ido eliminando, o bien modificando los porcentajes de presencialidad. Es el caso de una trabajadora del ámbito de las relaciones públicas que, de la noche a la mañana, vio como se le acababa lo de trabajar a distancia.
Con solo una semana de preaviso, la compañía comunicó a todo su departamento de que suspendía el teletrabajo 100% por un sistema híbrido: dos días en la oficina y tres días en casa. “Me quedé de piedra. ¿Una semana? ¿Cómo podía pensar la dirección que era tiempo suficiente para que la gente reorganizara por completo su vida?”, cuenta la afectada en primera persona para ‘Business Insider’, si bien ha decidido no dar a conocer su nombre.
Lo relevante, para ella, es manifestar que el trabajo a distancia es una adaptación más que las empresas deberían conceder sin problemas si la actividad se puede desarrollar de esta forma, como en su caso. Además, entrando en sus circunstancias personales, sufre endometriosis, por lo que poder teletrabajar le es de gran ayuda.
“En caso de un brote de dolor, tenía a mi alrededor todo lo que necesitaba: medicamentos, mi almohadilla térmica y todo lo demás para intentar estar lo más cómoda posible mientras lidiaba con mi enfermedad. Cuando estoy en la oficina, tengo un miedo constante: ¿voy a tener un brote de dolor? Si lo tengo, ¿podré conducir hasta casa por mis propios medios?”, confiesa, explicando que de hecho, en una ocasión, se le rompió un quiste mientras trabajaba.
“Para nuestros jefes, solo éramos números”
Esta trabajadora también asegura que es mucho más productiva en casa. “Hace poco fui a la oficina y solo conseguí hacer más o menos el 20% de lo que suelo hacer cuando trabajo a distancia”, indica. Eso hizo que entendiera aun menos la decisión de la empresa de volver a la oficina. Y no fue la única: “muchos empleados se quedaron sorprendidos. Parecía que tanto el personal subalterno como la alta dirección se habían visto desconcertados por la rapidez con la que se había tomado la decisión”.
Tal y como cuenta al citado medio, explicó a sus superiores que estaba en contra de la medida y de cómo se había gestionado. Además, debido a su enfermedad, les pidió si podía teletrabajar a tiempo completo hasta finales de año, una petición que rechazaron aunque insistió en ella. “Dijeron que ese había sido siempre el plan y que debería haber estado preparada, aunque nunca se nos comunicó ningún plazo”, cuenta.
Un rechazo por el que, añade, se le quedó “muy claro” el mensaje: “no se nos valoraba como empleados. Para nuestros jefes, solo éramos números, caballos de batalla que generaban nuevos negocios y premios. Esa era la prioridad”.
La vuelta a la presencialidad también ha causado problemas a otros compañeros, afirmando que aquellos con hijos pequeños han tenido que buscar corriendo una guardería.
“Toda la situación era muy extraña, sobre todo teniendo en cuenta lo habitual que es el teletrabajo en el sector de las relaciones públicas”.
Por ello, decidió dejar el trabajo: “Me encantaba la gente con la que trabajaba, pero al final sentí que no tenía otra opción. Tenía la sensación de que las circunstancias me obligaban a marcharme”. Ahora sabe que ha tomado la decisión correcta, ya que en su nuevo empleo puede teletrabajar a tiempo completo. “Después de todo lo que ha pasado con la pandemia y con mi propia enfermedad crónica, sería una tontería no anteponer mi salud física y mental, y eso es precisamente lo que me permite hacer el teletrabajo”, explica.
Asimismo, agrega que, para ella, el hecho de que una empresa escuche las necesidades de las personas que trabajan para ella “deja muy claros sus valores”. Así, defiende que en los ámbitos en los que el teletrabajo es posible, “no hay razón” para que los empleadores no ofrezcan esta opción. “Es lo mínimo que se puede hacer”, concluye.