Llegar a la edad de jubilación no siempre significa poder dejar de trabajar, sobre todo cuando todavía se tienen deudas que pagar y se piensa que no se podrá hacer frente a ellas con la pensión. En esta situación se encontró una funcionaria australiana de 66 años que decidió retrasar su retiro para intentar reducir los 170.000 dólares australianos (unos 104.000 euros) que todavía debía de la hipoteca de su casa.
La funcionaria compró su casa adosada de dos plantas cuando tenía más de cuarenta años, y, según explicó en ABC News, más de dos décadas después, aunque la situación de jubilarse le parecía de lo más atractiva, no podía permitírselo debido a su situación financiera.
Su principal temor en el momento en que decidió tomar la decisión de seguir trabajando era reducir al máximo el capital pendiente de la hipoteca antes de poder retirarse, para así no tener que recurrir a vender la casa en la que llevaba viviendo más de 20 años.
Decidió aumentar los pagos mientras sigue trabajando
Para poder reducir el capital pendiente, la funcionaria optó por aumentar las cuotas durante todo el tiempo que siga trabajando y cobrando su nómina.
Pese a esta estrategia, sabía que llegaría el momento en que de verdad tenga que jubilarse y tomar una decisión sobre qué hacer con la casa. Si no conseguía reducir suficientemente la deuda, una de las alternativas era vender la casa y buscar otra vivienda que sí pudiera permitirse cobrando la pensión de jubilación.
“Llegará un momento en que diré: ‘No, de verdad que ya estoy harta de trabajar’. Pero a menos que tenga una ganancia inesperada, no veo otra solución que vender la casa y buscar otro lugar donde vivir”, señaló.