Comprarse una casa o hasta vivir de alquiler es cada vez más difícil en España, debido a que el precio de la vivienda no para de subir y a la falta de oferta. Esto, sumado a que también cuesta mucho mantenerse en un mismo puesto de trabajo estable durante años y a los bajos sueldos, está empujando a muchas personas a buscar alternativas cada vez más extremas.
Una de esas alternativas es vivir en la calle, algo que ya hacen incluso personas trabajadoras, como Manuel, que es mozo de almacén y vive entre cartones. Dentro de la dura realidad del sinhogarismo, hay testimonios que pasan todos los límites. Así lo ha mostrado la creadora de contenido Mamireporter, quien ha entrevistado por las calles de Madrid a un hombre que vive a la intemperie desde hace casi una década por elección propia.
Vive de la mendicidad pero manteniendo su estética
Durante la charla con la reportera, el protagonista explica con total naturalidad que su día a día se basa en salir a zonas céntricas y concurridas como la calle Fuencarral con un simple cartel para pedir comida y ayuda económica. En vez de ocultarlo como haría cualquier otro, él está orgulloso de esa forma de subsistencia y lo ve como un estilo de vida totalmente válido, antes que vivir bajo las leyes y las normas que marca la sociedad. "Me dedico a la mendicidad precisamente porque está todo regulado", confiesa ante la cámara.
Uno de los aspectos que más llama la atención es que sigue cuidándose en lo que se refiere a la estética, por más que viva en la calle. Él mismo sabe que su apariencia cuidada choca con la idea preconcebida que se tiene sobre las personas sin hogar. "Rompo los moldes, quiero dedicarme a modelar. Hoy voy con estilo marinero", relata con orgullo. Según su experiencia, mantener una buena presencia fomenta la solidaridad de los transeúntes. "Yo pretendo vivir de mi imagen y lo que exploto es mi imagen", añade, comparando su éxito pidiendo con el de otras personas que se acompañan de mascotas para dar pena.
Pasa del mercado laboral y de los alquileres abusivos
El hombre asegura que se ha adaptado a esta forma de vida y que no tiene intención de cambiarla. "Lo llevo muy bien, llevo ocho años. Ya estoy más integrado en vivir en la calle", afirma con total convicción. De hecho, justifica su decisión lanzando una durísima crítica a las condiciones del mercado laboral moderno, apuntando que prefiere su realidad actual antes que "estar trabajando en una mierda de trabajo muchas horas para ganar una mierda y malvivir con ese dinero".
A esta frustración laboral le suma que el actual mercado inmobiliario en las grandes ciudades está fuera del alcance de cualquier persona, algo que ya advertía Gonzalo Bernardos. El entrevistado denuncia los requisitos abusivos que exigen los propietarios, no ya para alquilar una vivienda entera, sino para acceder a un simple cuarto. "Para conseguir ahora una habitación, que si tres meses de fianza, que pedirle un riñón al tío por si acaso...", lamenta indignado.
Hablando de sus necesidades más básicas, explica que la capital cuenta con recursos suficientes que le facilitan el día a día sin necesidad de pagar un alquiler. "Aquí en Madrid es superfácil. Casas de baños para que la gente vaya a bañarse, a ducharse, afeitarse y asearse", explica, dejando claro que esto no supone un problema para él.