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Manuel Heredia, 59 años, mozo de almacén: "Prefiero estar en la calle y poder comer, que estar en una habitación y no comer"

Se declara ‘trabajador pobre’ y explica lo duro que es tener que vivir en la calle a su edad.

Manuel durmiendo en cartones y durante la entrevista
Manuel Heredia, 59 años, mozo de almacén: "Prefiero estar en la calle y poder comer, que estar en una habitación y no comer" |Diari Ara
Antonio Montoya
Fecha de actualización:

La inestabilidad del mercado laboral actual sumada a los precios de la vivienda, que no paran de subir, dejan situaciones que resultan difíciles de creer en los tiempos en los que estamos. Y es que el fenómeno de los ‘trabajadores pobres’ se está expandiendo cada vez más, un hecho que no hace sino demostrar que tener un empleo y una nómina ya no garantiza el acceso a una vivienda digna

Una muestra de ello es la historia de Manuel Heredia, un mozo de almacén de 59 años que se levanta cada día a las 5 de la mañana para ir a su puesto de trabajo, pero que a pesar de cobrar su nómina cada mes tiene que seguir durmiendo en la calle cada día.

La supervivencia por encima de cuatro paredes

Tal y como relata el protagonista en una entrevista concedida al Diari Ara, el precio de los alquileres, sobre todo en las grandes capitales donde el problema se agrava aún más, obliga a tomar decisiones extremas para sobrevivir. Este trabajador es un ejemplo claro de este gran problema. "Mi situación actual es que vivo en la calle teniendo un trabajo. Prefiero estar en la calle y poder comer, que estar en una habitación y no comer", expone con firmeza. Entonces, al no poder hacer frente a los precios inmobiliarios de su ciudad, confiesa cuál es su refugio nocturno: "Y entonces, pues duermo ahí, debajo de los portales de la biblioteca".

Sin embargo, a pesar de que tiene que seguir durmiendo en la calle y de sus malas condiciones de vida, él continúa yendo a trabajar cada día como si nada pasara o, más bien, como si viviera en una casa. "Soy mozo de almacén, hago mi trabajo, me voy a mi trabajo, vengo, vengo con ánimo y estoy con mis niños perdidos y charlamos, nos reímos... lo único que ellos beben y yo no", cuenta Manuel, en referencia al cariño a las personas con las que comparte su tiempo en la calle y demostrando una inmensa entereza personal frente a la adversidad.

La higiene, la dignidad y el fracaso del sistema

Asimismo, el operario lucha a diario contra los prejuicios que tiene la sociedad hacia gente como él. Y es que mantener un buen aspecto es clave para él, por ello nota las miradas extrañadas de su entorno. "Y piensan que yo soy una persona rara porque me gusta llevar mi integridad a mi higiene, que estoy en la calle, ¿vale? Pero quiero seguir siendo la persona decente que era. Bueno, sigo siendo decente", destaca.

Por otro lado, aunque su objetivo principal es salir de esa situación, la falta de ingresos suficientes no le deja ni siquiera cubrir sus necesidades más básicas y lo obliga a ser austero. "Pero en la calle ya me gustaría poder cambiarme todos los días de camiseta y de pantalón, pero ahora mismo no puedo porque prefiero mantener un poco más y juntar dinero, a ver si consigo a final de año tener una casa", añade sobre su estricto plan de ahorro.

Con historias como esta, que son cada vez más comunes, resulta difícil pensar en un buen futuro. Y es que el éxito de un país no se mide solo por los empleos que crea, sino por las veces que “trabajar” y “vivir en la calle” aparecen en la misma frase. Por lo que, en definitiva, cuando un ciudadano cotiza y paga impuestos pero no le llega para un techo, el fracaso pertenece a todos como sociedad.