Belén, granjera, habla claro sobre las placas solares: “pagaba más de 3.000 euros al mes y ahora la factura está entre 500 y 600 euros”

La inversión en energía fotovoltaica, para lo que se pueden pedir ayudas públicas, permite que baje el gasto mensual.

Paneles solares en una granja |Envato
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La granjera gallega (Lugo) Belén Piñeiro es la responsable de la SAT Carboeiro en Guntín y en una entrevista para Campo Galego, ha explicado cómo su economía (y su granja) ha dado un giro después de instalar placas solares. La inversión en fotovoltaica, además, es cada vez más asequible gracias a la ayudas para las instalaciones. 

En su caso, el gasto eléctrico mensual se ha reducido de manera significativa pasando de superar los 3.000 euros a colocarse en una media de entre 300 y 600 euros en los meses de más consumo. Esto supone que, durante todo el año, podrá ahorrar unos 10.000 euros. Una situación que es completamente distinta a la de Sergio, que se quejaba en un programa de radio de que apenas había ahorrado 250 euros tras pagar más de 6.000 por la instalación.

Su explotación ganadera está centrada en la producción de vacuno con una nave avícola y desde hace años, estaba pasando por un problema derivado del alto coste de la factura eléctrica. Tanto la actividad del día a día con el ganado como los sistemas de manejo y ventilación acarrean un gasto de energía bastante elevado. 

Fue entonces cuando decidió instalar paneles solares por la necesidad de reducir costes y “mejorar la eficiencia energética”, dentro de un contexto marcado por la volatilidad del precio de la luz.

Inversión de casi 90.000 euros con varias subvenciones

En su granja de vacas, la instalación alcanza una potencia de 45 kilovatios gracias a 108 paneles solares, para los que ha invertido 40.400 euros. La nave de pavos (avícola) cuenta con 92 paneles y una potencia de 38 kilovatios por lo que ha tenido que pagar 45.650 euros (sin contar el IVA).

En este segundo caso, pudo optar a una subvención del 50% del INEGA (Instituto Enerxético de Galicia), algo que ha sido determinante para ella. “Pusimos las placas gracias a esta ayuda, fue una buena inversión”.

Los últimos datos de consumo energético le han dado la razón. “En la granja de vacas, en el mes de mayo tuvimos una factura de 2.400 euros y en junio, cuando no estaban funcionando, pagamos 3.400 euros”, asegura Piñeiro a Campo Galego. 

Una diferencia de 1.000 entre los dos meses es la mejor prueba de que “el sistema es rentable”. También ha tenido en cuenta que el consumo de energía no es el mismo en el caso de las vacas que en el de los pollos y que cambia según la época del año.

“Cuando los pavos son pequeños, gastamos menos electricidad”

Uno de los secretos está en el hecho de que, cuando los pavos son más pequeños necesitan menos electricidad. Porque luego crecen “y es necesario ventilar más y el sistema es eléctrico”. La explotación emplea baterías virtuales que compensan esta energía sobrante generada en el periodo de menor consumo. 

Cada vez son más los ganaderos que se decantan por un modelo eficiente energéticamente debido a que la electricidad cada vez es más cara. Cuando se juran el autoconsumo fotovoltaico y las ayudas públicas, se muestra un marco perfecto para mejorar y abaratar el gasto energético en las explotaciones ganaderas. 

Lo que frena suele ser el desembolso inicial pero como explica Piñeiro, hay que saber qué organismos dan las ayunas y cómo sacar rentabilidad de ese dinero. 

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