Lo que iba a ser una inversión rentable para rebajar la factura eléctrica de su explotación agrícola se ha convertido en una decisión que ahora lamenta. Doug Goying, agricultor de cereales en Paulding, Ohio, apostó por la energía solar con una instalación de 158 kilovatios pensada para alimentar su granja y aprovechar el excedente mediante el sistema de medición neta, pero el coste de seguir conectado a la red ha terminado por alterar por completo las cuentas.
El proyecto contó incluso con apoyo público. Recibió una subvención del programa Rural Energy for America Program del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, una línea pensada para impulsar instalaciones renovables en explotaciones agrarias. Sobre el papel, la operación parecía clara, generar electricidad propia, reducir la dependencia de la red y amortizar la inversión en unos cinco años. La realidad ha sido distinta según cuenta para el medio Farm and Dairy.
“Si quieren que sigamos añadiendo unidades de energía solar u otras iniciativas ecológicas, tienen que generar beneficios”, lamenta Goying, que considera que los costes regulados están vaciando de sentido económico este tipo de inversiones.
La factura baja, pero no tanto como esperaba
El problema no está en la producción solar, sino en cómo se estructura la factura eléctrica. En Ohio, los clientes con autoconsumo y medición neta siguen pagando cargos fijos de distribución y transmisión, tanto si consumen energía de la red como si vierten excedentes. Es decir, producir electricidad no evita seguir soportando una parte importante de los costes del sistema.
Según explica el propio agricultor, puede llegar a recibir cerca de cinco centavos por cada kilovatio generado, pero al mismo tiempo afrontar alrededor de 12 centavos en costes de distribución y transmisión. “Mi generación fue de 1.100 dólares negativos, pero me cobraron casi 800 por distribución y transporte”, resume.
A eso se suma un problema habitual en muchas explotaciones agrarias, el desfase entre cuándo se produce la energía y cuándo más se necesita. En su caso, la gran demanda eléctrica se concentra en otoño, durante el secado y almacenamiento del grano, mientras la generación solar se reparte a lo largo de todo el año. Ese desequilibrio ha reducido el ahorro real.
El cambio normativo podría empeorar aún más la inversión
La situación de Goying llega además en un momento delicado. La Comisión de Servicios Públicos de Ohio estudia una propuesta impulsada por AEP para cambiar la forma en la que se compensa el excedente de energía solar. Si prospera, la retribución para quienes generan electricidad en tejados o granjas podría ser todavía menor.
Desde la Oficina Agrícola de Ohio admiten que no todas las explotaciones están en condiciones de rentabilizar una instalación de este tipo. “Una de cada tres granjas tiene un perfil de consumo que justifica un sistema de generación in situ para ahorrar dinero”, explica Dale Arnold, responsable de política energética del organismo.
La noticia deja así una advertencia clara para otros agricultores. La energía solar puede reducir costes, pero no siempre garantiza el ahorro esperado si no se analizan antes las facturas, los picos de consumo y la letra pequeña de la conexión a la red. Goying lo resume con resignación. “No me he sentado a calcular la fecha de pago. Simplemente hay que pagar la factura y seguir adelante”.

